Muchos de los usuarios de gadgets Apple, como iPhone o iPad, tienen una costumbre que hacen varias veces al día casi de manera automática: cerrar una app desde el menú de aplicaciones abiertas cuando ya no la usarán. 

¿Lo hacen para ahorrar batería? ¿Para mejorar el rendimiento del dispositivo? Sea cual sea la razón, les tenemos una mala noticia: esto perjudica más de lo que ayuda. 

Hablamos específicamente del acto de cerrar una aplicación o "deslizarla" al vacío dentro del menú de apps abiertas para apagarla por completo. 

Muchos piensan que este es un modo de evitar que su dispositivo gaste datos, batería y que en general disminuya su rendimiento, ¡pero sucede lo contrario

Cuando las apps están en segundo plano, no se encuentran activas, sino en modo de hibernación. Esto quiere decir que no están realmente funcionando. 

El sistema operativo toma una imagen de lo que estaban haciendo en la app antes de minimizarla y es por esto que al volver a ella, da la impresión de que ha estado activa todo ese tiempo. 

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¿Cuál es el problema con esta acción? Cuando la app se encuentra suspendida en segundo plano y la queremos usar de nuevo, el teléfono o tableta no utiliza ya tanta energía o memoria RAM para mostrarla en pantalla y ponerla a funcionar una vez más. 

En cambio, si cada vez que la dejamos de usar la cerramos, al momento de volver a abrirla desde cero, por el esfuerzo, consumirá recursos que podríamos ahorrar, especialmente hablando de batería. 

Tomemos como ejemplo Facebook: ¿Cuántas veces lo revisan en 24 horas? Seguramente bastantes. Si cada vez que lo dejan de usar lo cierran sólo para volverlo a abrir en diversas ocasiones a lo largo del día, la cantidad de recursos y batería gastados en el acto será alarmante. 

Sin embargo, existen razones válidas para cerrar de raíz una aplicación, tal es el caso de cuando se "congela" o no funciona correctamente.