El éxito de la diseñadora de moda Jenny Polanco en el país viene a romper el mito de que nadie es profeta en su tierra, y muy lejos de querer perpetuarse en un reinado solitario, ve con preocupación la falta de interés por invertir en “una mina de oro”, como la que constituye el talento de los jóvenes creadores del país caribeño, y su consecuente fuga.

Polanco, durante una entrevista con Efe, se mostró contrariada por el hecho de que “el talento se está escapando fuera del país” porque no se aprecia lo suficiente “el gran valor creativo” de la nueva generación de diseñadores. “En una mina de oro se invertiría, y eso es lo que hay, una mina de oro” sin explotar.

La falta de inversión y la ausencia de patrocinios lastran el crecimiento y consolidación de este segmento como producto nacional, en contraste con la gran apertura existente a las franquicias de marcas internacionales.

Aunque en las zonas francas del país se ha implantado una industria de la moda, las prendas que salen de ahí son de grandes multinacionales que producen en serie, y que ni siquiera se comercializan en el país. Ahí no se materializan los bocetos diseñados por los creadores emergentes locales.

“Lo que les falta a estos jóvenes de gran capacidad creativa es inversión”, la misma que se llevaría a otros sectores productivos, como el turismo, explica Polanco, que también echa en falta empresas fabricantes donde se corten y cosan las prendas de buena calidad a pequeña escala, y que trabajen en todos los renglones, desde el textil hasta el calzado, pasando por los complementos.

Este tipo de factorías para procesos de producción pequeños o medios no existen en República Dominicana, de modo que un diseñador se encuentra en la necesidad de hacerlo todo para sacar sus colecciones al mercado; ella misma es un ejemplo de esta circunstancia, ya que cuenta con su propia fábrica.

“Yo tuve el coraje de iniciar esta aventura a los 19 años”, pero estoy convencida de que “si hoy me tocara hacer este proyecto, me sería muy difícil”, expresó.

Es por esto que en su gran mayoría ellos solo trabajan la alta costura, ya que no tendrían capacidad para competir con colecciones Prêt-à-porter. Se trabaja en pequeños locales, con un par de personas, y esa infraestructura solo da para confeccionar un número muy limitado de modelos, lo que condiciona tremendamente sus creaciones y su trabajo, aclaró.

En cuanto a la Mercedes Benz Fashion Week (MBFW), que recientemente celebró su segunda edición en el país, la diseñadora reconoció que se trata de una apuesta muy interesante, pero se plantea, una vez finalizada la pasarela, “¿Qué? Si no nos traen compradores...”, no hay repercusión real para el afianzamiento del sector.

Sin embargo, la creatividad de esta dominicana aflora también para diseñar estrategias e iniciativas que permitan crear una industria de la moda estable y floreciente para la nueva generación de diseñadores, y lanza un guante para aquel que lo quiera recoger.

“La salida perfecta sería crear una MBFW para el resort. Sabemos lo que es la playa y lo que es vivir en el calor. Podríamos presentar dos colecciones al año dirigidas a todo el Caribe”, tanto a las islas como a la parte continental, “y con eso abriríamos mercado”, expone.

“Cuando esos diseñadores tengan encargos por valor, por ejemplo, de 30.000 dólares, podrán encontrar un patrocinio”, y así empezar un proyecto con un respaldo económico y la posibilidad de darse a conocer dentro y fuera del país.

También el sector público podría contribuir al mundo de la moda, proporcionándole apoyo “como base de talento creativo del país”, aunque confiesa que no ha llamado a las puertas de las altas instancias para hacer una propuesta en este sentido.

Sea como sea, la moda y los diseñadores dominicanos “tienen un gran potencial” y con algo de inversión e interés, confeccionar estrategias para impulsar a los creadores acabará siendo cosa de coser y cantar.