Destruir el atractivo, la apariencia, a través de una herida imborrable, una cicatriz permanente, es igual a matar en vida a través de la deformación. Y no solo ocurre por despecho, motor común para los ataques con ácido; puede ser por envidia y celos profesionales, como pasó con el director del Ballet Bolshoi, Sergei Filin, quien después de 18 operaciones aún sigue ciego.

O aún peor, por competencia malsana, como le sucedió a la concursante de belleza María Fernanda Núñez en 2010, ya que era un “obstáculo” para que otra portase la corona de su provincia, que la llevaría a Miss Colombia. Y ellos, así como muchas otras mujeres que alguna vez dijeron no a una propuesta de matrimonio o a un novio celoso, (como el caso de la modelo británica Katie Piper) u hombres que han sido agredidos por sus parejas, son símbolos de resiliencia ante el horror y la indignación de esta brutal modalidad de violencia de género.

Toma años tratar de recuperarse. Pero alguien lo hizo a través de la belleza, el objetivo con el que más se ensaña el agresor. Se llama Laxmi Agarwal, conocida como Laxmi-Saa por liderar la organización “Stop Acid Attacks (Saa)”.

A sus 15 años sufrió un ataque con ácido. Ahora es una modelo que representa a las mujeres que alguna vez fueron destrozadas y las hace conscientes de su empoderamiento.

Mujer  coraje

Tener la valentía de sobreponerse a un ataque con ácido y tratar de cambiar el vacío legal y la impunidad para evitar que le suceda a otras mujeres, requiere de años de lucha que muy pocas pueden soportar.

Laxmi Agarwal lo hizo a través de la moda y el activismo Hoy es la imagen de la firma de moda india llamada Viva N Diva y su campaña se llama “Face of Courage” (Cara del Coraje), en la que se pretende visibilizar a la mujer atacada con ácido de una manera distinta. La joven, quien fue atacada por un pretendiente, encabeza la lucha en su país, donde hay mil ataques con ácido al año, para acabar esta forma de agresión.

Desde “Stop Acid Attacks” (Paremos el ataque con ácido), consiguió 27 mil firmas que lograron  que el Tribunal Supremo Indio restringiera la venta de ácido y compensara con cinco mil dólares a las víctimas.

La joven se ha puesto al frente de los lentes para mostrar que una joven atacada no es discapacitada y que de hecho, es alguien fuerte y resiliente. Por esta razón, hace dos años, junto con otras mujeres, posó frente a Rahul Saharan. Y ahora busca mostrar que los victimarios jamás le quitan la belleza a una mujer atacada.

“Esta es la manera para mí de  convertirme en un ejemplo para las mujeres como yo, para que tengan más confianza y valor, a pesar de su físico. Y esto también es una manera de enviar un mensaje claro a los criminales, que sepan que las mujeres no perderán el coraje, incluso después de haber sido atacadas con ácido para destruir su belleza física”, declaró Saa para la BBC.

Ella también ha ganado varios reconocimientos por su labor y fue conductora de un programa de televisión. Y  ahora, a través de la marca que representa, busca mostrar que la belleza no es una artimaña publicitaria, sino un elemento que incluso tiene valor político. Y qué más poderoso que una imagen contemporánea como la de la modelo actual, el ícono de la belleza por excelencia que tiene connotaciones sociales más fuertes que nunca para millones de mujeres que ven en ellas inspiración.

El caso Natalia Ponce

La joven colombiana Natalia Ponce de León fue víctima de un vecino perturbado que le echó ácido clorhídrico en la puerta de su casa, en 2014. Necesitó de 20 cirugías para recuperarse de las quemaduras en el 34% de su cuerpo. Recuperó sus ojos y párpados, su nariz y pómulos.

Ahora trabaja en la reconstrucción de su boca. Tiene daños en las vías respiratorias, pues llegó a tragar algo de ácido.

Desde entonces, lucha por las víctimas de esta modalidad de delito que, desde 2010 en Colombia, suman más 628. Y todo esto resultó en la aprobación de la ley que lleva su nombre, frente al presidente Juan Manuel Santos, la semana pasada. En esta norma se endurecieron las penas contra los agresores, que oscilan entre 12 y 30 años de cárcel.

“Mi vida cambió luego de ser brutalmente atacada con ácido, pero hoy, señor Presidente, con la promulgación de esta ley, es usted, el Congreso y el país en general los que están cambiando la vida de las víctimas de ataques con agentes químicos”, afirmó.

El mundo de las pasarelas “incluyentes”

Aunque no se podría comparar –ni de lejos– un problema tan grave de violencia de género con un tema como la diversidad, sí es cierto que en la industria de la moda actual la discapacidad física o un cuerpo opuesto a lo industrializado son ahora elementos “de mostrar”.

En los últimos años, tanto en pasarelas de semanas de moda como en editoriales y “realities” se descubre a la última “modelo distinta”, que se suma a la tendencia en aumento de resaltar a la belleza que se sale del parámetro como imagen de campaña o portada de revista.

Lo “diverso” –término que en la normalización del sistema de moda enmarca a la maniquí que no obedece a una talla estandarizada y que no es caucásica de preferencia– ha sido una bandera que la moda ha izado desde que Jean Paul Gaultier puso a una entonces “robusta” Crystal Renn a desfilar en París, en 2006.

Desde entonces, esta ha cobrado relevancia para atraer y generar engagement en nichos potenciales de mercado como la talla “plus”, que  en Estados Unidos generó en 2013  “solo” 16.2 mil millones de dólares, según Forbes.

Modelos como Candice Huffine aparecen en ropa interior en videos tan emocionales como el de Lane Bryant, o Tara Lynn se da el lujo de ser portada en Elle España, mostrando cómo la mujer “normal” es aceptada  en el compendio de imágenes visuales que conforman la moda, así sea de manera aparente. Pasó también con Chantelle Winnie, quien tiene vitiligo, al triunfar en “America’s Next Top Model”, o incluso con Madeline Stuart, maniquí con el síndrome de Down que desfiló el año pasado en la Semana de la Moda de Nueva York.

Todas ellas generan recordación y admiración por representar a mujeres excluidas por años de un sistema de representación que por supuesto se vale de lo distinto para alimentar la novedad, como un truco mil veces repetido. Porque en un mundo de Marilynes llegó la delgadez de Twiggy (cuando era “insano” que una mujer de su talla pudiese ser siquiera la “mujer ideal”) y  en una época de rubicundas modelos y “yuppies” triunfó una Gia Carangi, y luego una Naomi Campbell.

Y ahora, la mujer opuesta a la mujer atlética pero ultra delgada, en todas sus formas y presentaciones, viene a ser más de lo mismo: “No hay duda de que es una estrategia de mercadeo para aparentar que se representa la diversidad humana, obedeciendo a la presión de las consumidoras (...) Hasta ahora, la “gente normal” ha sido una tendencia pasajera y en la actualidad no parece que haya un verdadero cambio de la modelo-percha típica, pues creo que los ejemplos mencionadas son las excepciones que confirman la regla. Ni se ha aumentado la representación de etnias no blancas, ni de edades diferentes”, declaró alguna vez la académica Patrícia Soley-Beltrán para este medio, al preguntársele por este “boom”.

La exmodelo, autora del Premio Anagrama de Ensayo 2015 por “Divinas: modelos, poder y mentiras”, desentraña ese amor de la moda hacia lo “empoderador”, como una manera en la que la industria puede sobrevivir y reinventarse, aunque tímidamente muestre pequeños cambios y victorias para visibilizar otros tipos de belleza.

Pero, cuando se habla de un fenómeno tan terrible como los ataques con ácido, la historia va más allá de ser un truco de marketing. También se encuentra una lucha legal intensa.