Ayer, este lado del hemisferio despertó con la noticia de que el chef tres estrellas Michelin, Benoit Violier, considerado el mejor del mundo, fue encontrado muerto en su casa de Crissier, Suiza. La causa: un aparente suicidio con arma de fuego.  

Violier, de 44 años, dirigía el aclamado Restaurant de  l’Hôtel de Ville, en Suiza, el cual se colocó en el primer lugar entre los mil mejores restaurantes del mundo de la prestigiosa publicación francesa La Liste.

Además, se preparaba para confirmar ayer su tercera estrella Michelin en la ceremonia oficial de la versión francesa de la guía en París.

“Estamos consternados por la muerte de Benoît Violier, un chef de inmenso talento. Nuestros pensamientos están con su familia y sus equipos”, publicó la Guía Michelin en su cuenta oficial de Twitter al darse a conocer la noticia.

La industria reacciona

Consternación ha sido, sin duda, un sentimiento común entre allegados, conocidos y admiradores de la cocina de Benoit Violer, quien se encontraba en la cumbre de su carrera y tenía un prometedor futuro por delante. Sin embargo, esa misma profesión que le dio tantas satisfacciones ha sido señalada como posible culpable de su muerte.

Aunque por respeto a sus familiares, y mientras finalizan las investigaciones de la policía, no se han revelado más detalles sobre su muerte. Muchos hablan de la posible incidencia del estrés y la presión de carrera en la tragedia. “Esta es mi vida. Me acuesto cocinando, me levanto cocinando”, había dicho Violier en una entrevista, hace apenas un año.

Sus amigos y colegas, en cambio, han descartado esta teoría y se han enfocado en destacar la gran pérdida que es su muerte para quienes lo quisieron y la escena gastronómica mundial. Uno de sus grandes amigos, el chef ganador de tres estrellas Michelin Frédy Girardet, dijo ayer que no ve ninguna razón para que Violier decidiera quitarse la vida. “Él era un joven brillante, con un enorme talento y un potencial impresionante de trabajo. Él parecía ser perfecto. Es una noticia muy triste”, afirmó.

El afamado cocinero francés Alain Ducasse, otra personalidad cercana al fenecido chef, también se pronunció al respecto: “No hay que hablar de la presión. Estoy seguro que los medios vincularán todo. Es un hecho desafortunado, pero está desconectado a la ceremonia de hoy”, dijo refiriéndose al evento de Guía Michelin. “Una serie de sucesos derivaron en este acontecimiento trágico”, concluyó.

¿Es la gastronomía profesional una olla de presión?

 A pesar de admitir que, efectivamente, la carrera de chef, sobre todo en los niveles en los que se encontraba la de Benoit Violier, es verdaderamente demandante, el chef español Kiko Casals, residente en Punta Cana, piensa que son desproporcionadas las especulaciones de que su suicidio se haya debido al estrés de su trabajo.

“No digo que no pueda ser una causa para alguien, después de todo, la cabeza de cada quien es particular, funciona diferente, pero desde mi punto de vista, los altos exponentes de la gastronomía se someten al mismo estrés que los de otras profesiones. Los altos corredores de autos, los altos hombres de negocios, las altas posiciones siempre vienen con mucha presión o exigencias, no diría que es especial para los chefs”, dijo, y recordó que Violier se encontraba en un gran momento profesional, ya que estaba a punto de reafirmar su tercera estrella Michelin.  

Sin embargo, ¿es igual la presión para aquellos que se dedican a vivir su pasión por la gastronomía sin pensar en premios o reconocimientos (aunque los reciban) como para quienes sienten el compromiso de mantenerse a la altura de las expectativas de las publicaciones y entidades más prestigiosas de la industria?

“La profesión de la cocina es estresante para todo el que se siente apasionado por ella y la lleva más allá de las recetas. Pero lo es aún más para quienes dedican su vida a trabajar por la aceptación de la industria. Esto no es algo natural de la gastronomía, sino del ser humano”, explica Ricardo Ramírez, chef con experiencia en reconocidos restaurantes locales y de Miami, aunque aclara que no le consta que este haya sido el caso de Violier.

Similar es la opinión de Edgardo Balbuena, quien tiene a su cargo la cocina de una prestigiosa empresa de catering en el país. “La demanda de la profesión cuando se está a ese nivel de fama y reconocimiento es enorme. Las jornadas de trabajo son interminables y estás sometido a la presión de complacer los paladares más exigentes del mundo”, aseguró.

“La muerte de Benoit Violier es una gran pérdida para el mundo de la gastronomía”, dijo, y eso es algo en lo que coincide todo el que conoció al hombre o su cuidada cocina, centrada en el producto, preparada con simpleza pero con estándares extremadamente altos.

La perfección era la meta, según le confesó hace unos años a la desaparecida revista Food Arts: “Tratamos de ser tan precisos como sea posible. Es crucial en una gastronomía refinada llegar al punto en que no puedas pulirla más”.