“Buena pinta, buen charol y buena nena”. Así definió Alonso Salazar, quien escribió la historia de Pablo Escobar y quien fue también alcalde de lo que fue alguna vez su “reino”, Medellín, la declaración de estilo de los sicarios y de la cultura del narco ante el mundo.

Nadie imaginaría que 26 años después, “El Patrón” y otros colegas con igual infamia tendrían sus propias líneas de moda y que todo lo que ellos representan sería para la industria de la moda un negocio millonario.

“El Chapo” Guzmán, Griselda Blanco, “La Viuda Negra” y Escobar suman entre los tres más de trece mil muertos por su carrera delictiva. Todo lo que representaron alguna vez fue estigmatizado apenas se comenzaron a ver las consecuencias de sus actos de terror o megalomanía: la extravagante estética del “newly rich” (nuevo rico), pletórica de barroquismo, lujo y colorido y que representó tan bien Gianni Versace en los años 80 y 90 junto a Naomi Campbell y Linda Evangelista, fue condenada en los años siguientes, así como las figuras de quienes encabezaron un fenómeno que aún asola culturalmente a sus países de origen.

El narcotraficante era fácilmente identificable, así como su mujer y asimismo, se convirtió en una caricatura o una figura para odiar. Pero en los últimos años, todo eso ha cambiado: lo “narco volvió a ser “cool” a pesar de sus crímenes. Con todo lo que eso implica.

De narconovelas​ y capos pop

Joaquín Guzmán Loera ya tenía mucho terreno allanado cuando hizo famosas las pintorescas camisas que usó para su entrevista con Sean Penn.

Desde 2006, productos televisivos enfocados en las historias de narcotraficantes colombianos y mexicanos  han tenido gran éxito internacional, siendo “Escobar, el Patrón del mal”, la punta de lanza de todas ellas: la serie del narcotraficante más famoso de todos los tiempos en Colombia tuvo el 80% de participación y en Telemundo llegó a tener 2,2 millones de espectadores tan solo  en su debut, en 2012. Sus frases amenazantes dejaron de aterrorizar y se convirtieron en gags, así como en memes que se siguen usando en la actualidad.

Escobar dejó de ser un asesino y se convirtió en figura mediática y mina de oro: todos sus libros relacionados han tenido sendos éxitos de ventas, las giras turísticas organizadas por su hermano, Roberto, son famosos, e incluso su antiguo jefe de sicarios, “Popeye”, llegó a tener una página de Facebook donde era admirado por miles.

¿Cómo un hombre que voló un avión con 110 personas a bordo y ordenaba magnicidios por deporte llega a tener tal poder para que se venda un jean con su imagen en 140 dólares después de muerto?

“La sociedad disfruta del gusto mafioso, la verdad de silicona y la ética de la pistola. Así, nuestra ficción; nuestro lenguaje, arquitectura y gustos; nuestra política celebran, sin pudor, los valores de lo narco”, señalaba el crítico televisivo colombiano Omar Rincón al analizar en 2009 y 2010 este fenómeno en su auge en su estudio “Narcoestética y narcocultura en narcolombia”. “(...) Hemos adoptado para la vida diaria su modo de pensar, actuar, soñar y expresar”, sostenía en aquella época. El capo era “cool”. Ahora le faltaba ser “chic”.

Por eso, producciones como El señor de los cielos y El Capo muestran a delincuentes elegantes que enloquecen a miles de mujeres y que van más allá del estereotipo.

Rafael Amaya, siguiendo la corriente de sus colegas de la realidad, lanzará una línea de ropa, así como la que mostró en su momento Sebastián Marroquín con “Escobar Henao”, en la que se ven camisas con la cara de su padre y frases de paz. Cosa similar hizo el hijo de “Griselda Blanco”, la “Reina de la Coca”, famosa por matar a sus amantes y por querer secuestrar a John F. Kennedy Jr. Michael Corleone Blanco lanzó “Pure Blanco”, una línea urbana donde se ven los jumpers con la cara de su famosa madre, en la más pura reivindicación “pop” de su figura.

Algo que no está fuera de lugar en una época donde imperan el relativismo pop de Moschino y la ostentación sin medidas y sin vergüenza  de figuras como los “Rich Kids de Instagram” o Dan Bilzerian, así como la voluptuosidad. Y allí, precisamente, está el negocio.

Las “muñecas de la mafia”: el gran negocio de la moda latina

Antes de que Kim Kardashian o Nicki Minaj hicieran del trasero XXL algo “mainstream”, las mujeres latinas ya lo tenían desde hace mucho tiempo como sello de marca. Sobre todo con una prenda exclusivamente nacida en Colombia, que aún aterroriza a sus sectores más tradicionales de moda: el jean sin bolsillos, nacido precisamente de la narcocultura.

“El narcotraficante colombiano de los años 80 y 90 vio en la moda un lugar dónde lavar dinero y ganar estatus. Nacieron varias marcas que obedecían a esa figura de ‘mujer-trofeo’, híper femenina, protésica y latina a más no poder. Sus exageradas curvas necesitaban una segunda piel.

Finalmente, en Medellín nació el jean en su versión más latinizada y sexuada: el famoso jean levantacola, que pondría el cuerpo de la mujer en un formato que los hombres del mundo desearían, no mucho a la imaginación y mucha carne, porque en la cultura latina, más es más”, explica Gabriel Alvarado Mosquera, consultor de tendencias y director del Gran San, centro comercial en Bogotá que congrega gran parte la industria de moda masiva del país sudamericano. Tan solo uno de sus clientes llegó a vender más de un millón de unidades en un año, sin contar lo que hacen otras industrias que se agrupan en el mismo sector.

Porque eso es poco para lo que se vende en el mundo: según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE, las exportaciones de jean nacional en 2012 alcanzaron 10, 9 millones de dólares, equivalente al 7,1 de jeans que se exportan en el mundo.

Dos años después, la cifra no era nada despreciable solo en países como México: “En 2014 se exportaron 450,000 jeans de estos solo en esta nación. Pero esta prenda es estigmatizada porque la estética europea de la moda, sin curvas, no está acostumbrada a esto”, afirma Camilo Herrera, presidente de la firma colombiana líder de estudios de consumo, RADDAR.

En eso concuerda Gabriel Alvarado Mosquera, quien afirma que el auge de esta prenda, incluso en Europa, está a tono con los tiempos actuales: “Los latinos ganaron terreno, mira a Shakira o a Sofía Vergara con su línea de ropa en K-Mart (éxito rotundo en ventas). Con la globalización la nueva belleza es la nueva diferencia. El sabor latino borra el estereotipo de modelos flacas y andróginas. Incluso Levi’s puso su línea ‘Revel’ pensando en esto. Nuestros cuerpos son distintos. Están de moda”, afirma.

¿Algo tendrá que ver que Gigi Hadid pueda desfilar en pasarela o que alguien como Kim Kardashian acapare la portada de Vogue? ¿Que un single como “Anaconda”, con todo lo que ostenta y muestra llegue a ser un hit de ventas o las butt- selfies que se hicieron tan populares los años pasados? ¿Lo narco como parte de la identidad de estilo latina ha conquistado el mundo?

“La narco estética no es mal gusto, es otra estética. La más común entre las comunidades desposeídas que se asoman a la modernidad y solo han encontrado en el dinero la posibilidad de existir en el mundo”, decía Omar Rincón en su ensayo. Por ahora, la camisa Barabas de “El Chapo”, es lo que triunfa como símbolo de un mundo tan aspiracional como los que se pretenden mejores al suyo.

Narco Fashion

Camisa de “El Chapo”. El narco catapultó la marca Barabas con las dos camisas que usó en su entrevista con Sean Penn. Creó tendencia y la página de la marca colapsó por tantos pedidos. Cuestan 100 dólares. Ahora la marca aprovecha el momento para aconsejar a sus clientes sobre cómo usarlas.

Pure Blanco. Creada por Michael Corleone Blanco, el hijo de Griselda Blanco, maestra de Pablo Escobar. El “hijo orgulloso de la madrina”, como se hace llamar, vende playeras, gorras y jumpers desde 20 a 45 dólaresen Internet, con gran éxito.

“Escobar Henao”. Sebastián Marroquín creó la línea en 2010. Con esto, el hijo de Pablo Escobar piensa llevar mensajes de paz a través de las prendas. Hay jeans y camisetas con las fotos de su padre y frases pacifistas. Estas oscilan entre 95 y 140 dólares.. 

México y Colombia: Estigma y horror del narco

En una guerra sin fin, que ha dejado cientos de miles de muertos y millones invertidos en un problema de nunca acabar, el narcotráfico ha sido un estigma cultural, tanto al nivel nacional como internacional, para los países protagonistas del fenómeno, como México y Colombia. Por eso, hay diversas voces que se alzan en contra de la “narcoestética” como generador de identidad en América Latina. Manuela Henao, en su serie fotográfica “Beauties”, cuestiona cómo las jóvenes colombianas de Medellín se operaban para seguir este estereotipo, desde edad temprana. “Aunque duela, en Colombia ha existido una gran popularidad de la cultura narco (...), las mujeres de Medellín han crecido con esta clase de referentes, en los que la mujer se convierte en un aderezo del hombre y donde efectivamente, sin tetas no hay paraíso”, afirmó en Twitter.

Ni hablar de las marcas consumidas por el narco: “Grandes firmas de alta gama tuvieron serios bajones en sus ventas cuando se descubrió que el narco mexicano comenzó a consumirlas. Antes eran reconocidas como estándares de buen gusto, ahora eran estigmatizadas”, afirma el experto en moda y consultor de tendencias mexicano Gustavo Prado.  

El sector de moda de estos países se ha esforzado para dar otra imagen identitaria a través de creadores cosmopolitas, talentosos y contemporáneos.

De Al Capone a Hitler: Bandidos de moda

Increíblemente, más allá del contexto latino, la moda ha tomado otras figuras polémicas para crear industria y toda una cultura material alrededor de ellas. En Tailandia, figuras como Hitler y la fascinación por los uniformes nazis es una industria boyante, a pesar de la indignación de Occidente. De igual manera, Al Capone y Michael Corleone, grandes capos tanto de la realidad como de la ficción, han inspirado la moda masculina. Los “power suits” del hijo de don Vito, así como los gabanes del mafioso de los años 20 se pueden encontrar en tiendas vintage y han sido reseñados como íconos de estilo masculino.

En Boardwalk Empire se encuentran muchas referencias a lo que usaba. No se pudo decir lo mismo de los guerrilleros de las FARC, cuya intentona por conquistar la moda a través de playeras de “Fighters and Lovers”, terminó en un lío judicial e incluso diplomático, pues las ganancias iban para financiarlos a ellos y al Frente Popular de Liberación Palestina. El Estado Islámico también ha lanzado su línea de ropa para reclutar nuevos “fieles”.