Mantener una alimentación saludable no es el equivalente a lo que comúnmente denominamos “una dieta”, sino una forma de vida en que regularmente consumimos alimentos que nos aportan distintas vitaminas, minerales y antioxidantes, entre otros, para mantener el bienestar de nuestro organismo.

Lo que se ve optimizado por el deporte e influenciado negativamente por el sedentarismo, el esmog, el cigarro, el alcohol y el frío, por nombrar algunos.

Para ponerte al día e ir fortaleciendo tu organismo puedes seguir pasos súper simples, como cambiar el azúcar por la miel. No engorda, tiene muchas vitaminas y actúa como un antibiótico natural.

Y quienes siguen una dieta vegetariana poco rigurosa, sin reemplazar los nutrientes de las carnes, suelen carecer de las vitaminas A y D. La recomendación es aumentar la ingesta de lácteos y yema de huevo y, por qué no, tomar un suplemento de esta vitamina.

Si no quieres engordar, es decir, quieres eliminar las grasas, también debes tener precaución, porque no te puedes quedar sin vitamina E o tu piel y músculos se resentirán. La forma es incorporar a la dieta diaria unas cuantas avellanas, maní o nueces, un trozo de palta o un poco de aceite de oliva.

Para la doctora Catalina Silva, de la Clínica Terré, “nuestro organismo requiere de todos los minerales para funcionar adecuadamente. En invierno debemos aumentar el calcio, el magnesio, el selenio y principalmente el zinc.

Una de las principales manifestaciones del déficit de zinc es la alteración del sistema inmunológico, que se debilita, y por ende favorece la aparición de diversas infecciones importantes como neumonías recurrentes, o el uso de antibióticos por tiempos prolongados.

Los alimentos que presentan mayores niveles de este mineral son las ostras, hígado, pescado, carnes y aves. También existen alimentos naturales que nos aportan zinc, como las legumbres, las nueces, el arroz integral, la espinaca y el plátano”.

A buscarlas

1- Vitamina C

Se dice que es la reina por sus múltiples utilidades. Por ejemplo, es protagonista en la prevención de infecciones y por otro lado sintetiza colágeno (ayudándonos con las arrugas). Además, ayuda a aliviar los síntomas del resfriado y acorta la duración de estos.   

Dónde: En prácticamente todas las frutas y verduras, pero especialmente en los cítricos y kiwis, mango y frutillas. Hay que consumirla a diario, ya que es hidrosoluble (soluble en agua) y sus excedentes se eliminan diariamente a través de la orina.

2- Vitamina B1

Ayuda al organismo a utilizar la energía que necesita para enfrentar el frío y los trastornos producidos por éste, como las heridas en los labios o el resecamiento de la piel. Si tienes poca puedes sufrir trastornos en el sistema nervioso y falta de ánimo.

Dónde: En los cereales enteros. Es liposoluble (solubles en grasa), por lo que el organismo puede retenerla por más tiempo que la vitamina C.

3- Vitamina B2

Al igual que la B1, también ayuda al organismo a utilizar la energía, pero cuando falta B2 se afectan directamente los labios.

Dónde: En lácteos y carnes. Es liposoluble (solubles en grasa), por lo que el organismo puede retenerla por más tiempo que la vitamina C.

4- Vitamina E

Poderoso antioxidante, ayuda a preservar los tejidos.

Dónde: Está en vegetales, huevos, hígado y leche.

5- Vitamina A

Es la que relacionamos con la leche cuando las mamás nos decían que debíamos tomar para crecer. Se relaciona con el crecimiento, la formación de tejido óseo y con la vista, ya que genera los pigmentos necesarios para el funcionamiento de la retina, especialmente ante luz tenue. Su falta se asocia incluso con ceguera precoz.

Dónde: Huevos, leche, carnes, acelgas, zapallos, zanahorias, tomates, mango y damascos (contienen caroteno, que se transforma en vitamina A al entrar al cuerpo).

6- Vitamina D

Se asocia sobre todo al sol, pues nuestro cuerpo la produce de forma natural cada vez que se expone a la luz solar. Ayuda a regular la cantidad de calcio y fósforo en el cuerpo; así conseguimos mantener los huesos y dientes saludables y fuertes. Además, se ha demostrado que ayuda al sistema inmunológico, consiguiendo mantener una función muscular normal y promoviendo el desarrollo celular.

Dónde: Principalmente en los lácteos y pescados.