Nunca aparecen en la lista de “Mejor Vestidas”, pues para una mujer –sea famosa o anónima– el hecho de llevar prendas que muestren su piel puede ser aún en algunos lugares sinónimo de degradación. Lo peor es que sucede en la sociedad occidental.

Jennifer López es más recordada por su Versace de los Grammy de 1999 que por su trayectoria artística. A Kim Kardashian, Beyonce y Miley Cyrus no se cansan de criticarlas cuando llevan atuendos ultra reveladores.

Si eso les pasa a ellas, ¿qué les puede esperar a sus seguidoras? Las críticas a las mujeres que optan por marcados escotes parece ser el deporte favorito del “social media” cuando una famosa decide revelar su desnudez, de manera parcial o total.

“Pienso que es todavía ese reclamo de otros sobre el cuerpo de la mujer, que lo consideran como una propiedad y como tal se sienten con el derecho a juzgarla, porque una mujer que presume escote es dueña de su cuerpo y de sus expresiones”, afirma la famosa consultora de moda colombiana Beatriz Arango.

La concepción religiosa que ha marcado al cuerpo como un “tabú” sigue vigente, incluso para dejar de “tomar en serio” a quien se atreva a transgredir la regla. Además, está el tema de la moralidad.

El complejo de “santa/perversa”, instaurado por Grace Kelly, Marilyn Monroe y Madonna, sigue siendo otra arma de doble filo. Exhíbete, pero sé “intachable”. “Hay una extraña exigencia de moralidad que la sociedad les hace a los famosos porque la hipocresía es el homenaje que el vicio rinde a la virtud.

Se instauran como héroes, pero la gente debe entender que son personas normales y que pueden también ganar dinero, incluso, desnudándose”, afirma Fabián Sanabria, doctor en Sociología de la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París. En ese vaivén siempre ha oscilado la imagen femenina.

Ten estilo, pero no mucho

La industria de la moda se ha alimentado desde sus comienzos del sexo como una forma de vender. Del atractivo para rebelarse, como ocurrió con la minifalda en los años 60. De erotizarse al máximo para ser “cool”, como se vio en los anuncios de Calvin Klein y Diesel en los años 80 y 90. Del atractivo para escandalizar, como sucedió con Benetton y Tom Ford con sus anuncios explícitos; pero irónicamente, cuando se habla de vestirse, no se debe mostrar mucho “para no parecer vulgar”, porque el gusto también está en cubrir el cuerpo.

“Una mujer que presume escote es dueña de su cuerpo y sus expresiones, pero el exceso de piel es considerado por muchos como falta de estilo. En el caso de Susan Sarandon, esto se me hizo una maravillosa declaración de intenciones sobre su cuerpo y derechos sobre él”, enfatiza Beatriz Arango.

La lucha por erradicar estos estereotipos sobre el cuerpo de las mujeres es intensa. Grupos mundiales como “SlutWalk”, fundado en Toronto en 2011, han establecido luchas para quitar la connotación negativa hacia la palabra “prostituta” y contra las restricciones al vestuario.

Amber Rose, entre otras famosas, decidió irse vestida con las palabras con las que la suelen tildar cuando va medio desnuda en la alfombra roja. Y Amy Poehler creó una campaña viral para dejar de juzgar a las famosas por lo que llevan puesto: #SmartGirlAsk.  

Otras celebridades como Jennifer Lawrence, Julianne Moore y Cate Blanchett son categóricas e incluso radicales cuando les preguntan sobre sus atuendos, su cuerpo o su peso en vez del valor de su trabajo.