La piel es el órgano mayor que tenemos los seres humanos, y su función es proteger el cuerpo. Sin embargo, en la epidermis, es decir, en la capa externa, se presenta una serie de molestias, que no solo afectan la estética, sino la salud.

La urticaria, enfermedad que se caracteriza por la aparición de ronchas, es una de estas. Por su complejidad, la ciencia médica la clasificó en dos tipos: Urticaria Crónica Inducible, causada por el frío o la presión, y la Urticaria Crónica Espontánea (UCE), cuyos síntomas no están asociados a ningún factor externo como la anterior.

A menudo, los síntomas de la UCE se manifiestan en partes visibles del cuerpo como la cara y los brazos, lo cual hace que los pacientes se sientan rechazados.

Este aumento de volumen se denomina angioedema (hinchazón), y es uno de los síntomas más frecuentes junto con las ronchas y la hinchazón en la cara, específicamente en los párpados, labios y las extremidades. También produce enrojecimiento de la piel y el más incapacitante, que es el prurito o picor intenso.

“Cuando los síntomas duran más de seis semanas se trata de una urticaria crónica, enfermedad que en la mayoría de los casos no tiene un factor desencadenante ambiental evidente (urticaria crónica espontánea) en contraste con la urticaria crónica inducible que generalmente es desencadenada por factores físicos: calor, frío, luz solar, presión, vibración”, afirmó el inmunólogo venezolano Mario Sánchez-Borges, quien estuvo en el país impartiendo una conferencia sobre el tema.

“En Centroamérica y el Caribe es una enfermedad subdiagnosticada, por lo que es importante que el paciente comparta con su médico todos los detalles posibles, tales como la frecuencia y duración de la crisis, correlación con otros elementos como alimentación, ejercicio y otros, así como forma, tamaño y distribución de las ronchas”, precisó el doctor.

Diagnóstico. ¿Cómo se determina?

En términos estadísticos, la Urticaria Crónica Espontánea (UCE) es más frecuente en pacientes del sexo femenino; alrededor de un 60 a 70 %, de edades comprendidas entre 30 y 40 años, es decir, en edades productivas.

En comparación con otras enfermedades de la piel, ésta ha sido clasificada dentro del grupo que provoca mayor deterioro en calidad de vida. Sus síntomas –ronchas de color rojo en su cuerpo, comezón y en algunos casos, inflamación repentina de párpados y labios–, hacen que los pacientes se sientan menos atractivos y rechazados. Además, el roce de la ropa y el contacto físico puede ser doloroso para los pacientes; por eso, suelen limitar sus actividades sociales.

“Generalmente, no se requieren muchos estudios complementarios para su diagnóstico, sino únicamente un buen interrogatorio y examen físico del paciente. En la mayoría de los casos oscila entre uno y cinco años, pero hay personas que pueden sufrirla durante más de 5 años”, aclaró.

El inmunólogo Mario Sánchez-Borges agregó que de acuerdo con los datos recogidos, en casos aislados, puede sospecharse la presencia de algún factor desencadenante o exacerbante del cuadro clínico, en los cuales se indica la realización de estudios diagnósticos adicionales de laboratorio o pruebas cutáneas para comprobar la presencia de urticaria inducida por factores físicos como los previamente mencionados.

“Cuando el diagnóstico no está claro, a veces se requiere la realización de una biopsia de la piel, especialmente cuando se sospecha que puede existir una vasculitis urticariana, una inflamación de los pequeños vasos sanguíneos de la piel que se manifiesta en forma de habones”, afirma el especialista graduado en la Universidad Central en Caracas, Venezuela.

Enfermedad contra productividad laboral

El doctor Sánchez-Borges explicó que según estudios, esta enfermedad está presente en personas laboralmente activas, lo cual provoca un alto índice de ausentismo laboral.

“Los pacientes con urticaria crónica presentan un importante deterioro de su calidad de vida, que se refleja en trastornos psicológicos (ansiedad, depresión), limitaciones en sus actividades tanto laborales como sociales, ausentismo y presentismo laboral y alteraciones del sueño”, explicó.

Tratamiento más recomendado

El tratamiento adecuado de la urticaria, de acuerdo con guías internacionales para el manejo y control de la enfermedad, permite obtener una mejoría en todas esas esferas y en la calidad de vida del paciente.

Las recomendaciones actuales incluyen el control de los factores desencadenantes de los síntomas y la utilización de medicamentos tales como los antihistamínicos de segunda generación (no sedantes) en dosis convencionales o incrementadas, los antagonistas de los leucotrienos, medicamentos biológicos e inmunosupresores.

También existen tratamientos disponibles que pueden mantener los síntomas bajo control, los cuales incluyen bloqueadores de la inmunoglobulina E (IgE), antihistamínicos, antiinflamatorios y algunos para disminuir la comezón y la hinchazón. Es necesario, sin embargo, que el paciente revise con su médico tratante las mejores alternativas para su caso.

Recientemente, estudios controlados de investigación han demostrado que el Omalizumab, un anticuerpo monoclonal anti-inmunoglobulina E humana, es efectivo y seguro para el tratamiento de pacientes con UC grave que no responden al tratamiento con antihistamínicos. Esto permitió que las entidades regulatorias aprobaran la indicación para utilizar el Omalizumab en esta enfermedad.

¿Cuál es el estilo de vida que deben llevar estos pacientes?

A esta pregunta, el doctor respondió que un buen tratamiento puede lograr un adecuado control de la enfermedad sin que el paciente tenga limitaciones dietéticas, en sus actividades sociales, de diversión, en su trabajo o alteraciones del  sueño.

Recomendaciones

•    El paciente debe saber los síntomas que padece: cuándo, con qué frecuencia aparece la hinchazón y si existe algún factor identificable en su aparición.

•    También, debe llevar un registro con los síntomas que incluya fecha, hora  y duración de la aparición de ronchas, inflamación y comezón.

•    Si le es posible, tomar fotografías que le ayuden a explicar el tamaño, la forma y el color de las ronchas, las cuales pueden variar de brote en brote y pueden variar a lo largo del día.