El 16 de agosto de 2008, Usain St. Leo Bolt despertó tarde en un día nublado en Pekín. Se quedó tirado en el sofá de su apartamento en la Villa Olímpica, viendo un programa de televisión chino.

Almorzó una caja con 20 nuggets de pollo –la rutina de comida que siguió durante toda la competición–. Según él, vino a comer más de un millar de productos de pollo empanados en China. Se volvió a dormir, se despertó y se comió más nuggets. El parecido a un día de la gente común se detiene allí. Como un superhéroe, Bolt vistió su traje velocista y se convirtió en el ser humano más rápido del mundo.