Lo decimos todos con mucha frecuencia: aquí nada funciona. La frase puede ser tipificada como una expresión de la persistente corriente pesimista que recorre la historia de nuestro pueblo desde el descubimiento hasta nuestros días. 

La queja comenzó muy temprano en esta isla. Los primeros en quejarse fueron los propios colonizadores españoles al pasar del sueño de la riqueza fácil a la pesadilla de la contienda cotidiana. Los indigenas se quejaron, y con razón, porque la llegada de los extranjeros los sacó de la holganza paradisíaca para llevarlos al trabajo aniquilante. Los negros africanos se quejaron con nostalgia por llegar a un lugar extraño sin familia y sin libertad. 

La queja siguió con los descendientes de estas tres razas de quejosos. La mezcla múltiple también multiplicó la progenie de los quejosos. se quejó el mestizo, el castizo, el mulato, el zambo, el tente en pie y el salta pa’ atrás.

La queja, como la raza, tiene también una variada tipología. El motivo de la queja es diferente y en el fondo siempre el mismo. En la epoca de la colonia nos quejábamos del abuso, primero, y luego del abandono de la madre Patria. En los tiempos de la dominación haitiana nos quejabamos de no tener Patria. Desde la independencia hasta la fecha nos quejamos de que la Patria que, ¡por fin logramos!, no nos ha servido para mucho; y esto es así, porque aquí nada funciona.

 El que ha crecido por estos lares sabe que esa nada es lo público. El criollo todo lo espera de los gobiernos y estos, por dar tanto de lo que no pueden, terminan por no dar nada de lo que deben. 

Lo cierto es que la frase justamente ponderada no anda muy descaminada. Los ejemplos que dan la razón a la afirmación se acumulan con una facilidad pasmosa. Sin necesidad de remontarnos a la historia, solo quedándonos en la inmediatez más actual, tendríamos varios ejemplos: la justiticia libera sicarios, asesinos, pilotos narcotraficantes y politicos corruptos.

El poder ejecutivo construye escuelas con bajos estándares de calidad; asigna dinero para actividades súperfluas y lo niega a las necesarias; permite que la policía abuse de manifestantes y reacciona tarde para protegernos de epidemias cíclicas.

Difícil es no decir: “Aquí nada funciona”. Pero pregunto: ¿Será así por los siglos de los siglos?