Las muertes violentas en nuestro país son provocadas por armas de fuego. El sesenta por ciento de los asesinatos son con armas de fuego legales.

La muerte del alcalde de Santo Domingo Este, a manos de un ciudadano armado legalmente, actualizó el debate  sobre el control de armas en el país. La discusión, como pasa con todo tema polémico, divide a la sociedad. La mayoría cree necesario algún tipo de restricción, pero se opone a un desarme general.

La idea es que la sociedad quedaría desprotegida frente a los delincuentes armados con armas ilegales.

El debate se lleva a cabo con opiniones más que con argumentos respaldados por las evidencias de la investigación científica. En la conciencia colectiva se mantienen instaladas creencias depositadas por los usos y las constumbres. Es imprescindible aportar algunos datos que permitan encontrar posiciones racionales para derribar esas creencias que son más mitos que realidades.

Las armas no son un medio de defensa, sino de ataque. Los atracos, por principio, son hechos sorpresivos. Nadie sabe en qué momento será atracado, así que disminuye la posibilidad de estar preparado para usar el arma.

En una gran cantidad de casos el poseer un arma nos convierte en blanco de los delincuentes y de esa forma un arma legal pasa a engrosar el arsenal ilegal utilizado por los antisociales. Además, todas las investigaciones confirman que el hecho de poseer un arma en la casa incrementa diez veces la posibilidad de morir por arma.

Otro mito que se usa como argumento es comparar las armas de fuego con las armas blancas. Las estadísticas indican que menos de un veinte por ciento de los homicidios son cometidos con arma blanca.

Las armas de fuego matan más que hieren, mientras que las armas blancas hieren más que matan. El arma blanca implica una dosis de coraje superior, porque el atacante tiene que acercarse al atacado.

Las ciudades y países que han reducido la posesión por parte de civiles de armas de fuego redujeron de forma drástica las muertes violentas. El país debe aprovechar esta oportunidad para aprobar un ley que restrinja al máximo la posibilidad de que un civil porte o tenga un arma.

Ese es el camino para sacar al país de la espiral de violencia. Es un tema de vida o muerte. Cambiemos los mitos por los hechos.