El Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo, monseñor Francisco Ozoria, afirmó que no tiene buenas expectativas con la elección de la nueva JCE.

El escepticismo de Ozoria es compartido por muchos ciudadanos, porque la inclinación hacia el control absoluto de las instituciones es caracterítica distintiva de los partidos del sistema.

La independencia de criterio no es una virtud apreciable en el ejercicio público. Los políticos prefieren la seguridad de la afinidad partidaria sobre los hombres que actúan por voluntad propia y solo respondiendo a su conciencia. El pecado del reparto ha sido cometido por todas las organizaciones políticas con experiencia de Estado.

Los tropezones institucionales que esta negativa cultural produce, quedaron nueva vez en evidencia en el último proceso electoral. La falta de equilibrio y capacidad de diálogo produjo un desorden que impidió la celebración de los triunfadores y la aceptación de la derrota de los perdedores.

La oportunidad para expiar el pecado original del reparto de posiciones en la JCE no debe ser desaprovechada. El partido dominante en el Senado puede iniciar el círculo virtuoso de escongencia de funcionarios electorales independientes y probos.

La persistencia en el error es tan constante que muy pocas esperanzas existen de que podamos respirar tranquilos y  hasta felicitarnos todos cuando se conozca la lista de los cinco miembros titulares escogidos.

El hecho de que la Comisión no haya escogido las ternas representa una pequeña probabilidad de que el buen sentido termine por imponerse y que el liderazgo político decida ponerse de acuerdo, en los días que faltan, para escoger nuevos miembros que representen el interés de todos los dominicanos y no de los partidos políticos.

El país tiene un inventario de hombres de prestigio personal y profesional con el perfil necesario para asumir la responsabilidad de rescatar la credibilidad perdida de nuestro sistema electoral.

La larga transición democrática debe mostrar logros estables. El establecimiento de una institución electoral respetada por todos no debe hacese esperar más.

Monseñor Ozoria Acosta y todos los que piensan como él estarían felices de ver contrariadas sus bajas expectativas.