La economía dominicana está basada en bajos salarios. La pública y la privada. Los incrementos, que de tanto en tanto se producen, nunca igualan la pérdida anual del valor de nuestra moneda. El salario, históricamente bajo, perdió un cuarto de su capacidad de compra en los últimos años.

 La sociedad espera por un abordaje integral sobre la compensación de los trabajadores del sector público y privado. El salario mínimo no puede ser menor a la canasta básica alimenticia.

El crecimiento de la economía combinado con el estancamiento de los salarios de los trabajadores producen una de las sociedades más desiguales del continente.

La política de bajos salarios se mantiene en el sector público porque se prefiere distribuir poco a muchos, que lo suficiente a unos cuantos. El clientelismo deprime la compensación.

Las políticas públicas populistas consideran el salario como una dádiva y no como un derecho. La concepción en clave política de los salarios se impone sobre la concepción económica.

El papel del salario en la economía tiene una importancia de primer orden para la sostenibilidad del crecimiento.

El sueldo de los trabajadores no solo debe verse como la contraprestación para cubrir necesidades, sino como instrumento para la reactivación de la economía y como fuente de ingresos para el Estado.

El crecimiento de la economía es un resultado de la interacción dinámica entre la producción y el consumo. La producción es directamente proporcional a la capacidad de compra. La baja capacidad de compra termina creando baja capacidad de producción.

La política pública de bajos salarios termina por dañar a su creador: el Estado. En nuestro país los impuestos dependen de la capacidad de consumo de los trabajadores. Los bajos salarios generan bajos niveles de recaudación.

Los ingresos deprimidos del trabajador promedio no sirven para los fines personales de los ciudadanos y muchos menos para contribuir a los fines sociales.

El análisis riguroso  del tema nos conduce a una inevitable conclusión: los bajos salarios son una derrota colectiva.