La buena conducta cívica es un concepto no precisado en nuestra normativa jurídica. La amplitud o indeterminación dificulta la labor legislativa de ponerle límites.

El civismo, la buena conducta cívica, se define como el comportamiento de la persona que cumple con sus deberes de ciudadano, respeta las leyes y contribuye así al funcionamiento correcto de la sociedad y al bienestar de los demás miembros de la comunidad.

 La conducta cívica tiene entonces que ver con el perfecto acoplamiento entre el comportamiento ciudadano y las normas de una sociedad determinadas. Las normas pueden ser de caracter jurídico o normas sociales.

El manejo personal de los desperdicios, por ejemplo. Arrojar basura en las calles está penado por la ley y también por los usos sociales.

El artículo primero de la ley 129-99 prohibe a toda  persona  física  o  moral  tirar  desperdicios  sólidos y de cualesquiera naturaleza en calles, aceras, contenedores, parques, carreteras, caminos, balnearios, mares, ríos, cañadas, arroyos y canales de riego, playas, plazas y otros sitios de esparcimiento y demás lugares públicos.

La sanción contemplada en dicha ley para las personas sorprendidas tirando basura, desechos o desperdicios de cualquier tipo, del tamaño que fuere, en los lugares públicos, es que serán condenados  a  las  penas  de  dos  hasta  diez   días  de  prisión  o  multas  de  quinientos (RD$500.00) a mil (RD$ 1,000.00) pesos, o ambas penas a la vez.

El ciudadano dominicano se considera una persona higiénica. El gusto por la limpieza se percibe en el cuidado personal y en el interior de sus casas. El espacio público, lamentablemente, no es tratado con el mismo cuidado.  

La acumulación de desperdicios en cualquier lugar de la ciudad es una clara demostración de la escasa capacidad persuasiva de la sancion legal y de la sanción social. Los dominicanos lanzan a diario basura en los espacios públicos.

La mayor decepción es encontrarse a una persona caminando por las calles con la bolsa de basura recogida en su hogar y, a pocos metros de múltiples zafacones, ver cómo prefiere dejarla a los pies de un poste de luz.

La descontrolada expansión de los desperdiciocomienza con la falta de civismo.