El símbolo de los Juegos Olímpicos arribó por bote a Río de Janeiro tras tres meses de recorrido por el país.

A su paso, por el norte de Río, la antorcha fue repudiada por manifestantes que protestaban por el alto costo del megaevento deportivo. La policía les disparó gases lacrimógenos.

Antes, en un par de ocasiones, individuos trataron de apoderarse sin éxito del preciado ícono.

El momento más bochornoso, sin embargo, ocurrió en Manaos donde un jaguar fue llevado para posar junto a la antorcha. El animal asustado huyó de sus captores para morir de un disparo descerrajado por uno de ellos. Así, lo que debió ser una ocasión emotiva dejó un sabor amargo.

Organizar los XXXI Juegos Olímpicos era una gran ocasión para Brasil.

Así lo entendió el presidente Luiz Inácio Lula da Silva cuando, en el 2009, alborozado dijo: “Hay que celebrarlo, porque Brasil ha salido del nivel de un país de segunda clase y se ha convertido en un país de primera clase (…) Brasil le ha demostrado al mundo que hemos conquistado la ciudadanía absoluta. Absoluta de verdad. Ahora ya nadie tiene dudas de la grandeza económica de Brasil”.

El mandatario adelantó que para el 2016 Brasil sería la quinta economía del mundo.

Eso anticipaban las proyecciones. Pero luego bajaron los precios de muchas materias primas y el país entró en una severa crisis económica. La gran promesa del petróleo situado en el yacimiento de Tupi, cientos de kilómetros mar afuera frente a Río, está congelada.

Petrobras, la enorme petrolera estatal, invirtió una fortuna. El crudo de Tupi sale a unos 70 dólares el barril en tanto que el precio actual del barril oscila alrededor de los 40 dólares.

Hoy Brasil es la octava economía mundial por tamaño absoluto.

Los participantes en los Juegos serán recibidos por un presidente interino de nula popularidad y mínima legitimidad.

Lula y la suspendida presidenta Dilma Rousseff estarán ausentes.

El país está sumido en una profunda crisis política y, como lo demuestran las manifestaciones en varias ciudades, padece un agudo malestar social.

¡Quién podría haber imaginado que el éxito brasileño al conseguir el mundial de fútbol en 2014 y estos Juegos Olímpicos transcurriría en circunstancias tan adversas!

Pese a todo, el entusiasmo olímpico dará un respiro a los agobiados brasileños.

Al menos, por un par de semanas, podrán disfrutar el espectáculo que brindan los mejores atletas.