La visita del ministro de educación, Andrés Navarro, a la Asociación de Profesores con una oferta de diálogo es un buen signo.

El objetivo de conseguir la mejora de la calidad de la educación dominicana no se puede lograr sin el concurso de todos los actores del sistema.

Esta reunión es un gesto que escoge la cooperación por encima del conflicto. La acción proactiva previene con el paraguas de la conversación los efectos negativos de un nuboso cielo magisterial.

El presupuesto abundante del sector educación ha permitido resolver muchos problemas, pero también ha creado otros.

La deuda cuantitativa con el sector educación se pagó, pero ahora está pendiente el importante compromiso cualitativo.

Las deficiencias del sistema son evidentes para cualquier observador objetivo. La tradición impuesta por los titulares anteriores era negarlas.

La práctica de tapar el sol de los quemantes rayos de los problemas con el dedo de la conformidad o de las excusas no consiguió buenos resultados.

La educación es una tarea de personas ayudando a personas. Eso hace del recurso humano el más importante de los recursos.

Los maestros dominicanos son el grupo profesional con la institución asociativa más organizada y poderosa del país. Los cambios se hacen con ellos, pero contra ellos, ninguno.

El país necesita de un gran salto de calidad. Esto solo será posible si logramos cambiar el ser y el hacer de los profesores.
Los objetivos de la sociedad en esta materia están muy bien definidos en el Pacto Nacional para la Reforma Educativa discutido en el espacio del Consejo Económico y Social y firmado por el presidente Danilo Medina en el Palacio Nacional.

El puerto de destino de la educación es conocido y también la ruta para llegar. Lo que se necesita es alinear a todos los actores del sistema con esos objetivos y utilizar todas las cualidades gerenciales necesarias para comenzar a ejecutar. Este acercamiento entre el ministro y los profesores es un buen primer paso en esa dirección.