Las lluvias recientes dejaron a su paso más de un centenar de comunidades aisladas, una veintena de puentes afectados y decenas de viviendas destruidas.

Los informes meteorológicos indican que las lluvias seguirán. La saturación de los suelos de las zonas afectadas presagian un agravamiento de la situación.

Los fenómenos atmosféricos como el actual nos recuerdan la importancia que como isla tiene para nosotros el tema del cambio climático.

La naturaleza supera nuestras capacidades. El estado de urgencia en que se encuentra la población y la limitada capacidad de respuesta mostrada por las autoridades lo demuestra.

Los problemas del clima son un resultado de la civilización industrial. Las soluciones locales no son suficientes para resolver un problema de escala global.

El progresivo aumento del nivel de las aguas marinas amenazan a largo plazo la existencia de las islas. La desaparición de cinco islotes deshabitados del Océano Pacífico, pertenecientes a las Islas Salomón, es un ominoso presagio del destino posible de islas como las nuestras.

La negación de los efectos y hasta de la existencia del cambio climático es una ideología política que tiene consecuencias graves para nuestra seguridad.

El acuerdo universal firmado en París comprometió, por primera vez, a casi todos los países del mundo en un esfuerzo para mantener la temperatura global por debajo de los dos grados.

Nuestro país, como isla, debe comprometerse en cooperar activamente en el cumplimiento efectivo de todos los objetivos. Los representantes nuestros no pueden faltar a ninguna cita internacional que procure avanzar en la materialización de los compromisos.

La zona del Caribe con su dos decenas de islas que tienen como pilar económico el turismo o la agricultura sufrirán los efectos nocivos de tormentas más severas y frecuentes que reducirán el flujo de turistas y la productividad de la tierra.

El triunfo de la ideología negacionista del cambio climático en Estados Unidos se convierte en la principal amenaza exterior para el país. Las autoridades nacionales no parecen estar tampoco en condición de enfrentar con energía el pricipal reto global del presente siglo.