La remoción de la presidenta Dilma Rousseff marca un cambio en 180 grados en la orientación del gobierno brasileño. Michel Temer ahora asume la presidencia hasta el final del interrumpido mandato de Rousseff, esto es hasta finales del 2018. Durante sus 180 días de interinato, mientras Rousseff estuvo suspendida, Temer formó un gabinete, dominado por banqueros y empresarios, empeñado en revertir las políticas del gobernante Partido de los Trabajadores.

Una de las primeras medidas ha sido la reducción de los costos de la “Bolsa familia”, un subsidio destinado a las familias más pobres del país. Este era uno de los programas estrellas iniciado por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Bajo sus gobiernos (2003-2010) Brasil logró una reducción de la pobreza que es considerada como uno de los mayores logros mundiales en esta materia. El nuevo gobierno busca una reducción inicial de diez por ciento en los fondos de la iniciativa.

El ministro de Agricultura, Blairo Maggi , un multimillonario que formó parte del agresivo lobby agroindustrial, ganó notoriedad en su campaña por frenar la demarcación de tierras que restringía el uso de territorios para la ganadería y explotaciones agrícolas. Rousseff había dispuesto 56 millones de hectáreas destinadas a la conservación. También reconoció demandas indígenas así como la de quilombos, que son territorios habitados por descendientes de esclavos. Temer adelantó que los decretos pertinentes serán revocados.

Ricardo Barros, el ministro de Salud, advirtió: “No seremos capaces de mantener el nivel de derechos que garantiza la Constitución”. En términos más prácticos aconsejó  a la población  que tomará seguros de salud privados. Quedó claro que se avecinan drásticos cortes en las prestaciones de la salud pública.

José Serra, el ministro de Relaciones Exteriores, que en dos oportunidades postuló a la presidencia, advirtió que las estrechas relaciones con gobiernos izquierdistas como el  boliviano, el ecuatoriano y el venezolano pronto quedarán atrás. Avanzó que Itamaraty, la cancillería, orientará sus esfuerzos a fortalecer los lazos económicos. En especial con Estados Unidos donde sus palabras fueron acogidas con satisfacción. A su juicio, es hora de pasar de las “preferencias ideológicas de un partido político y sus aliados extranjeros” a una estrategia de relaciones guiadas por los intereses económicos del país.

El giro del gobierno de Rousseff  y el que comienza es tan abrupto, sin haber mediado una consulta ciudadana, que dadas las dificultades económicas que sufre Brasil caben  esperar severas fricciones sociales.