Florence Van Houtte, jefa de Cooperación de la Delegación de la Unión Europea, declaró que el país no cuenta con un marco regulatorio claro ni políticas de incentivos adecuadas para desarrollar las energías renovables.

La declaración debe llamar la atención de ciudadanos y autoridades, porque el momento es adecuado para corregir la distorsión. Las discusiones en el Pacto Eléctrico deben ser aprovechadas para plantear alternativas de solución.

Nuestro país tiene un gran potencial de fuentes de energías renovables como apunta la funcionaria europea. La ubicación geográfica expcional y nuestra condición  de clima tropical hacen que contemos  con una oferta de sol, viento, agua y materia orgánica comparables con las de mayor desarrollo en esta materia.

El potencial solar del país, de acuerdo con un informe de la Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en Santo Domingo fue estimado en unos cinco kilovatios hora por metro cuadrado.  En el caso de la energía eólica el país cuenta con unos cuatro mil cuatrocientos cinco kilómetros cuadrados con una calidad de viento que oscila entre moderado y excelente para la producción de energía conectada a la red como para aplicación rural.

El potencial de desarrollo de biocombustibles también es alto. El ochenta por ciento de las tierras cultivables del país están ociosas. Lo que significa que una proporción puede ponerse en producción con fines energéticos sin afectar la actividad agrícola.

El estado del arte tecnológico en materia de energías renovables está maduro. Los últimos desarrollos han optimizado la costo eficiencia hasta hacerla razonablemente competitiva con las tecnologías basadas en combustibles fósiles. El país saldría muy beneficiado con la incorporación a su matriz energética de una buena proporción proveniente de fuentes renovables.

Las trabas burocráticas, la compleja regulación y la falta de aplicación normativa impiden en el corto plazo lograr este deseable objetivo. La mala experiencia de muchos inversores, en matreria de permisología, se convierte en un disuasivo para nuevos proyectos. El país debe crear un círculo virtuoso de oportunidades en el sector energético, cambiando el enmarañado sistema normativo y el escabroso proceso burocrático.