El tiempo no pasa para la tradición. En la repetición de un acto se encuentra la memoria de la escencia de un pueblo.

La perigrinación anual de Los Toros es una de las más antiguas tradiciones y la que más refleja la particularidad espiritual de nuestro pueblo.

Las fuentes hídricas y la abundancia de pastos hacían de la ganadería la actividad más adecuada para la población de San Juan Bautista de Bayaguana.

La fundación de esta ciudad fue una consecuencia de la movilización de los habitantes de la banda norte hasta la región este por disposición de la corona española para impedir el contrabando con países enemigos.

La leyenda recoge que en la región este se desató una peste que afectaba al ganado. Las muertes de vacunos se contaban por miles. Los ganaderos, como único recurso, prometieron a La Virgen de Altagracia la entrega de un toro si intercedía en favor de la salud de los animales.

La enfermedad cesó de inmediato. La profunda religiosidad de los pobladores recibió el milagro con agradecimiento. La tradición recoge que desde ese momento se estableció la costumbre de ofrendar toros a La Virgen.

La tradición se ha mantenido durante unos tres siglos. La responsabilidad organizativa se va pasando de una generación a otra de forma continua dentro de una misma familia.

  La Hermandad de los Toreros es la encargada de planificar y ejecutar todo lo relativo a la peregrinación. La conforman cinco personas llamadas comisarios.

Larimar, productora de cine, escogió este tema para la realización de su primer documental. La idea central de la película es presentar con exquisito cuidado de los detalles la fe viva de un pueblo apegado a sus costumbres ancestrales.

El guión, con una buena dósis dramática salpicada con  pinceladas de humor, nos mantiene dentro de la historia. La música apoya la historia de forma tan natural que conmueve sin distraer la atención. La fotografía y la edición, de gran nivel profesional, completan un trabajo de calidad excepcional.

Camino a Higüey debe ser vista por todos.