En esta semana diferentes personalidades expresaron su preocupación por la información sobre unos ochocientos mil ciudadanos que quedarían sin la nueva cédula de identidad y electoral. Entre las personalidades debemos destacar al embajador de Estados Unidos, James Wally Brewster.

La prensa nacional, incluyendo nuestro medio, también mostró preocupación y ha pedido explicación al organismo competente para aclarar la situación. El presidente de la Junta Central Electoral, Roberto Rosario Márquez, negó la posibilidad de que una cantidad tan grande de dominicanos estén sin cedular cuando las oficinas disponibles se encuentran vacías. Las hipótesis para explicar el fenómeno incluyen nuestra clásica pereza, los emigrados y los fallecidos. La cifra aun así sigue pareciendo muy alta.

El plazo dado a los morosos –a petición de los partidos, organizaciones de la sociedad civil y algunas personalidades– vence a la media noche del viernes 15 de enero. Las peticiones para un nuevo plazo vuelven a escucharse por las redes sociales y los medios de comunicación de masas tradicionales. La evaluación del resultado de la última prórroga concedida es suficientemente elocuente. Los que acudieron no completan las tres mil quinientas personas.  Así que un nuevo plazo, no justificado por aglomeraciones en los centros de cedulación, sería un esfuerzo inútil.

Pero conviene aclarar el misterio de la abultada cifra, porque en este país cada día se confirma que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. Conviene, pues, que la ciencia vaya en auxilio de la opinión. En este caso será la estadística.

La Oficina Nacional de Estadísticas, en la publicación titulada Estimaciones y proyecciones nacionales de población indica que cerramos el año con una población estimada de unos nueve millones novecientos ochenta mil ciudadanos. La cantidad de adultos, mayores de dieciocho años, no supera los siete millones doscientos mil ciudadanos.

La JCE informó que los cedulados, hasta el jueves 13 de enero, eran unos seis millones novecientos seis mil ciudadanos, aproximadamente.  Así que una simple operación matemática demuestra que no hay forma de llegar a los famosos ochocientos mil no cedulados. El proceso fue exitoso.