La Comisión de Senadores encargada del proceso de evaluación de los candidatos elegibles para componer la nueva Junta Central Electoral terminó su labor.

La Comisión ahora decidirá las ternas de titulares y suplentes que serán sometidas al pleno de la cámara alta para la integración del organismo electoral.

La cantidad de pretendientes incluye algunos nombres conocidos y muchos otros con un perfil público bajo. El trabajo de valorar los méritos no será una tarea sencilla.

 La sociedad espera que la decisión sea tomada libre de cualquier condicionamiento partidario. El tradicional sistema de reparto entre los principales partidos del sistema no es lo que la sociedad espera.

El país, aleccionado por la experiencia, tiene claro el perfil que debe poseer cada uno de los nuevos integrantes de la JCE.

La Constitución y la ley electoral se limitan a establecer la profesión, el límite de edad y la experiencia, pero nada dicen de las cualidades personales imprescindibles para la posición.

La Comisión, primero, y el Pleno después tienen que definir claramente este perfil antes de decidir sobre algún nombre.

El Pleno, sin duda, tendrá que adoptar una posición mucho más abierta que la Comisión en la discusión de este perfil. Las organizaciones representativas de segmentos sociales y profesionales deben ser escuchadas.

La primera discusión debe ser sobre la conveniencia o no de cierta continuidad institucional a través de por lo menos uno de los miembros anteriores.

Un país con una institucionalidad débil debe cuidarse de realizar cambios absolutos en organismos de alto impacto para la democracia. Lo aconsejable es que el nuevo organismo garantice la continuidad a través de la selección de uno de los anteriores miembros.

El miembro seleccionado, para garantizar esa continuidad, debería poseer el mismo perfil que se le exigirá a los nuevos miembros: cualificación profesional, buena reputación, neutralidad con respecto a los partidos, capacidad de comunicación y personalidad poco conflictiva y capacidad de trabajar en equipo. Una selección que respete estos criterios garantizaría la gobernabilidad política que necesitamos para seguir prosperando.