Todo grupo humano organizado necesita ser liderado. La acción de dirigir y seguir aparece en todas las sociedades. No existe un momento histórico de ausencia de liderazgo.

Lo que sí puede existir es el mal liderazgo. Por eso es tan importante preguntarse: ¿cómo escogemos los líderes?

Los estudios científicos sobre el tema identifican dos dimensiones para juzgar a los líderes: las cualidades y las competencias.

La mayoría de las personas sobrestimamos las cualidades por encima de las compencias, principalmente en la política.

En muchas ocasiones decidimos el voto por la imagen de autoridad, el poder, control emocional o autoconfianza de un candidato y no por la experiencia gerencial, los conocimientos específicos para la tarea a realizar.

Experimentos realizados con estudiantes de la universidad de Stanford muestran el sorprendente resultado de que no siempre se escoge al líder más competente en una situación de alto riesgo.

Los profesores le piden a los estudiantes que organicen una lista de acciones necesarias para sobrevivir en el desierto después de una accidente aéreo.

Para completar la tarea se les pide escoger un líder. El resultado es sorprendente: el 55% escoge al más experto del grupo; mientras que el 45% prefiere al más alto, al de mayor autoconfianza o al que habla más alto.

Si así decidimos para salvar el bien privado que más apreciamos, nuestra vida, no debería sorprender que en asuntos del bien público pongamos menor cuidado en la selección de los líderes.

Estamos en plena campaña electoral. En unos meses todos los ciudadanos iremos a las urnas para elegir quién liderará el proceso político dominicano a partir del próximo año. Los retos de nuestro tiempo imponen que la decisión sea razonada.

Partiendo de los estudios, la decisión debería tomar en cuenta tanto las cualidades como las competencias del candidato. Las circunstancias son las que indican las características de la persona más adecuada.

Los antiguos sostenían que el hombre era un animal racional. La investigación actual niega esta afirmación.

Lo cierto es que somos seres emocionales con capacidad de racionalidad. El país está, en algunos aspectos, en un desierto después de un accidente aéreo.

Las carencias materiales y espirituales son muchas. Así que debemos estudiar las competencias y cualidades de los candidatos.