“La política es demasiado importante como para dejársela a los políticos”. La famosa frase del estadista alemán Konrad Adenauer expresa la preocupación de la mayoría de la sociedad con respecto a la discusión de los cambios normativos que se discuten en el diálogo coordinado por monseñor Agripino Núñez Collado.

Este medio pidió la integración de instituciones de la sociedad civil con la experiencia técnica y el conocimiento de la materia para representar la voz desinteresada en el espacio de consenso.

La respuesta a este pedido nos parece insuficiente. En declaraciones públicas se informó que sectores representativos se invitarían a participar del proceso, pero sin derecho a propuesta. La limitación es doble. La cortedad de la lista y la imposibilidad de aportar.

Estamos convencidos de que mantener una participación reducida favorece el poco interés de los partidos políticos en reformarse. Para nadie es un secreto que la actividad política es una de las actividades más redituables. La ausencia de transparencia, controles y de un sistema de consecuencias la convierten en la actividad ideal para los capitales de la economía subterránea.

Las organizaciones políticas no aceptarán que se mate a esa gallina de los huevos de oro. Estamos convencidos de que todos estarán de acuerdo en enunciar el problema, pero sin ponerle los límites necesarios. Lo que puede salir de un dialogo entre políticos es una ley desprovista de las uñas y los dientes necesarios para hacerse respetar.

Las organizaciones de la sociedad civil deberían actuar como el fiel de la balanza de la discusión. La participación de organizaciones como Participación Ciudadana, Finjus, Centro Bonó, Centro Juan XXIII, entre otras, darían un perfil de verdadero consenso social.

Las bridas para el desbocado caballo de la falta de institucionalidad de los partidos no la pueden colocar los mismos partidos políticos. Cualquier proceso de mediación efectiva se empeña en buscar la conveniencia colectiva. En esa reunión de los grandes partidos solo estará representado el bien particular de cada uno.

Le pedimos –de nuevo– a monseñor Agripino Núñez Collado que permita una participación más amplia de sectores representativos de la sociedad. Con voz y con voto.