La construcción de institucionalidad necesita de espíritu concertador para materializarse. La dialéctica de la historia consigue su objetivo cuando la contradicción da paso a la unidad de los contrarios. Nuestra historia, desde la fundación de la República, es una prueba viva de esta afirmación.

La independencia del 27 de febrero de 1844 tuvo éxito donde fracasó la efímera del 1 de diciembre de 1821. Juan Pablo Duarte convirtió en sueño colectivo de todas las clases sociales lo que José Núñez de Cáceres intentó antes como meta de la pequeña burguesía. El largo esfuerzo trinitario de socialización creó una nación. La conjunción de la corriente liberal de la “pura y simple” con la corriente conservadora anexionista hizo posible la libertad.

El mismo espíritu unitario fue necesario para lograr revalidar la andadura independiente del pueblo dominicano después de la anexión a España. La Restauración fue un movimiento popular y plural que tejió en una sola voluntad la comunidad criolla. El movimiento de oposición a la anexión iniciado por el trinitario Francisco del Rosario Sánchez junto a importantes seguidores de Buena Ventura Báez, como el general José María Cabral, es un símbolo de esa imprescindible cooperación.

En el siglo veinte importantes acontecimientos históricos también muestran esa tendencia a la actuación conjunta o a la búsqueda de un pacto político en momentos comprometidos de nuestra historia.

La crisis postelectoral de 1994 permitió relanzar la institucionalidad dominicana hacia mayores niveles de equilibrio. La decisión de concertar tomada por José Francisco Peña Gómez y Joaquín Balaguer evitó al país una confrontación de imprevisibles consecuencias. El pacto produjo unas reformas institucionales que crearon un marco de confianza que permitió la alternabilidad política con credibilidad.

El proceso electoral recién concluido representa de algún modo el agotamiento de ese modelo de los noventa. La crisis de confianza es muy alta. Las instituciones representativas de la sociedad están unificadas en la necesidad de su renovación. El país no resiste otro proceso electoral con partidos políticos sin control y con instituciones arbitrales debilitadas.

El espíritu unitario y de concertación que se manifestó a lo largo de nuestra historia es reclamado una vez más. La gobernabilidad requiere que el presidente de la República, Danilo Medina, construya un espacio de amplio consenso político y que el liderazgo de la oposición, encabezado por Luis Abinader, lo acepte. La consigna que se impone es concertación y pacto.