Nada hay más expresivo de nuestra indiferencia por la ciudad que el abusivo uso del espacio público para la promoción política. La profusión de carteles en todos los formatos, promoviendo caras más que ideas, invaden el campo visual de los ciudadanos a diestra y siniestra.

Nunca más incivil la vida citadina que en tiempos de campaña. Lo que sorprende es que todavía la campaña no se ha declarado oficialmente y ya muchos candidatos llevan meses atosigándonos con sus rostros omnipresentes.

 La primacía de la imagen en la actividad política no es un fenómeno solo local. Lo explicó muy bien Geovanni Sartori en su libro Homo Videns cuando hablaba de ese ver sin entender, de la preponderancia de lo visible sobre lo inteligible.

La sociedad global está dirigida por y para la imagen. El matiz más local lo pone la cantidad. En casi todas las sociedades organizadas existe una regulación para el uso de la comunicación de masas en la actividad politica. Las campañas tienen unos tiempos inviolables que protegen a los ciudadanos del excesivo ruido que cualquier contienda electoral produce. En nuestro país tenemos esos plazos, pero no se respetan.

Las campañas comienzan un día después del cambio de mando. Se podría decir, sin exageración, que aquí gobernar es promocionarse. El accionar público de todos los presidentes tiene un alto componente mercadológico. Los primeros picazos, los cortes de cintas, las visitas anunciadas o sorpresivas, las reuniones con actores sociales y económicos. Casi todo tiene esa subliminal intención de eternizarse en las mentes ciudadanas.

La alta politización de la sociedad dominicana se debe en gran parte a la presencia constante de el “Gran Hermano Político” en el espacio público. La política siempre nos está mirando y nos obliga a mirarla.

En cuanto a la publicidad exterior, los cabildos tienen una gran cuota de responsabilidad en la multiplicación de su uso. Por un lado, la necesidad de recursos y, por el otro, los intereses políticos estimulan la aprobación de una gran cantidad de permisos a las empresas del ramo para colocar en cualquier espacio diponible las estructuras de soporte.

Necesitamos un verdadero compromiso para reducir la contaminación visual. Para lograrlo, tenemos que llevar a la legalidad a los partidos y candidatos. Campañas de noventa días.