La construcción de la democracia supera el medio siglo de esfuerzos continuos de consolidación. El proceso muestra resultados mixtos con avances espectaculares y también incómodos retrocesos.

Desde la desaparición del tirano el pueblo dominicano se ha identificado con los beneficios de un régimen basado en la libertad de elegir y ser elegido.

Las deficiencias del sistema para dar respuesta pronta a las necesidades medulares de la sociedad ha reducido la confianza en la democracia, pero no hasta niveles preocupantes.

La piedra sobre la que reposa la democracia sin duda es el organismo que tiene la responsabilidad de planificar, organizar y ejecutar el proceso electoral: la Junta Central Electoral.

Estamos en el proceso electoral más complejo de los últimos años por la unificación de los comicios en los tres niveles de elección. La JCE manejará más de cuatro mil puestos.

Los traumas del pasado, aunque lejanos en los hechos, todavía se mantienen en psiquis de muchos de los electores. Los procesos de garantías nunca serán demasiados para reducir la suspicacia de algunos.

La JCE es la principal beneficiaria de una amplia observación nacional e internacional. El retardo en la habilitación podría dejar fuera del proceso a instituciones o personas que pueden fortalecer la autoridad moral del organismo con sus evaluaciones positivas del proceso.

La experiencia acumulada por la JCE le produjo una suma de buenas voluntades que se expresan de forma afirmativa en todas las mediciones con satisfacción.
La JCE tiene una relación de encuentros y desencuentros con Participación Ciudadana. En esta ocasión hemos visto un comportamiento paciente de esa organización de la sociedad civil.

La operación logística que debe organizar esta institución no partidista es compleja por la cantidad de personas que involucra y la necesidad de su preparación.

Participación Ciudadana está a la espera de su reconocimiento como institución observadora del proceso electoral. La JCE no debería dilatar más una decisión que conviene a todos.