La economía dominicana será la de mayor crecimiento de la región, de acuerdo con el informe de la Comisión Económica para América Latina (Cepal).

La sorpresa debe acompañar a la satisifacción como reacción a la información, porque ese crecimiento tan robusto no es de fácil explicación.

El pastel de la economía, año tras año, se hace mayor, pero no se traduce en una sensación de bienestar general de la población.

La mayoría de las encuestas muestran una gran incorformidad con la marcha de la economía. El dato no es insignificante, aunque no sirve como prueba en contrario del crecimiento.

La explicación puede estar en la calidad del crecimiento de nuestra economía. El análisis de los sectores que empujan hacia arriba nuestro PIB nos da la clave de esa asimetría entre los buenos resultados y la escasa satisfacción.

Las actividades de mayor crecimiento de la economía en el primer trimestre de este año fueron la minería, la intermediación financiera y la construcción.   
La minería y la intermediación financiera tienen poco o un nulo impacto en la creación de empleos directos. En en el caso de la construcción, los empleos que crea son de baja calidad y son ocupados por mano de obra inmigrante.

La solidez de nuestra economía partiendo del engrosamiento anual se asemeja a la creencia de que alguien subido de peso está en buen estado de salud.

 La ingesta alimenticia desproporcionada y sin balance nutritivo aumenta la cantidad de grasa en el cuerpo. La ingesta de elevados préstamos y de déficits crecientes aumentan el tamaño de la economía.

La economía dominicana está gorda y seguirá engordando, pero eso no necesariamente significa que está ni estará en buen estado de salud.

 La brecha entre ricos y pobres sigue aumentado. El crecimiento no se distribuye y se acumula en pocas manos. La estructura oligopólica de nuestra economía no permite  que se beneficie una amplia gama de actores. Así que debemos comenzar a cambiar un modelo que crece, pero no reparte.