El misterio sobre el asesinato de 49 estadounidenses en Orlando aún no despeja. Para algunos, Omar Mateen, el causante de las muertes y otro medio centenar de heridos, es un clásico “lobo solitario”. Un islamista radicalizado que sin tener vínculos orgánicos con el Estado Islámico (EI) actuó en su nombre.

Los yihadistas del EI, a su vez, en su agencia de noticias Amaq, reivindicaron  la masacre como suya. Algunos elementos calzaban con el estilo del EI. Un atentado catastrofista destinado a causar el mayor número de muertes posibles. Da lo mismo a quién se asesina, lo importante es matar a muchos. La gloria de la acción es proporcional a las bajas ocasionadas.

Otro rasgo característico es la vocación suicida del atacante. Mateen no tenía un plan de escape y por eso llamó a la policía.

Con estos datos en mano, Donald Trump, el aspirante presidencial republicano, reiteró sus llamados a prohibir la entrada de todo musulmán a Estados Unidos. Instó al presidente Barack Obama a renunciar, pues evitaba emplear el concepto de “Islam radical”. Incluso pidió que se intensificaran los bombardeos  contra el EI en Siria e Irak.

Analizados los antecedentes con más calma todo indica que Mateen más que un lobo era un loco solitario. El ataque parece inspirado en su profunda confusión mental. Durante mucho tiempo quiso ingresar a la policía. Al parecer, como suele ocurrir con ciertos homófobos, sentía atracción por los hombres y, según algunos testigos, mantenía encuentros furtivos con personas de su propio sexo.

En una ocasión declaró que simpatizaba con Hezbolá, la organización chiíta libanesa. Debía ignorar que ello le hubiese podido costar la vida a manos del sunita EI. La organización que aspira a construir un califato en el mundo árabe tiene a los chiítas como sus enemigos principales. El EI ha asesinado a miles de chiítas. Colocar bombas en sus mezquitas en las horas de rezos es una de las tácticas predilectas.

Al invocar al EI, Mateen señaló a la organización que está a la cabeza de los enemigos de Estados Unidos con amplia figuración pública. Al hacerlo pudo pensar que así conseguiría el máximo impacto.

A su vez, la agencia Amaq sólo rebotó la noticia adjudicándose el mortífero atentado. Pero no dio un solo antecedente original que permita creer que les cabía alguna responsabilidad.

La reacción de Trump, que llamó a prohibir la venta de armas de fuego a individuos que figuren en la lista de sospechosos de terrorismo del FBI, es una buena señal. Las encuestas muestran que la mayoría de los estadounidenses exige la medida. Si es adoptada sería un primer paso para limitar la venta de armamento letal.