La convivencia humana supone contradicción y consenso. La vida individual es una búsqueda continua de equilibrio entre los diferentes interés particulares y los colectivos.

El acuerdo se alterna con el desacuerdo. La sabiduría popular al repetir que cada cabeza es un mundo reconoce los múltiples matices de la perspectiva humana a escala individual.

La construcción de la democracia debe partir del hecho innegable de que no siempre estamos de acuerdo, queremos lo mismo o de la misma forma. El conflicto, la disidencia y las diferencias son características constitutivas de las sociedades. La democracia es el mecanismo para manejarlas.

Lo primero que debemos entender es que la democracia se construye con oponentes y no con enemigos. No pueden ser enemigos los ciudadanos que comparten una misma nacionalidad. No pueden ser tampoco enemigos ciudadanos agrupados en una misma organización política.

La razón de esa imposibilidad es que comparten objetivos comunes. Todos los dominicanos, por ejemplo, queremos preservar la existencia de nuestro país.

Todos los militantes políticos desean el triunfo de su organización política. Los oponentes no se eliminan, anulan o humillan., porque un oponente es alguien con el que se puede y se debe pactar la convivencia.

El mecanismo por excelencia del pacto es la deliberación. La capacidad de intercambiar argumentos y demandas para armonizar. Los ciudadanos, en el caso de los país, o los militantes, en el caso de los partidos, deben ser capaces de poner sobre la mesa sus intereses y reconocer el de los demás.

La deliberación necesita que valoremos al otro de la misma manera que deseamos ser valorados. Esa es la única forma de evitar el practicar la política como guerra.

E la guerra se busca la aniquilicación o neutralización total del enemigo por medios violentos.

La política en democracia, en cambio, pretende la incorporación del oponente. La paz no es la ausencia de conflictos, sino la capacidad de superarlos. Los partidos políticos deben educar a su militancia en la importancia de ceder y conceder para construir convivencia social.

La violencia de la fuerza de las armas o de la fuerza del dinero no construyen institucionalidad democrática. Los líderes tienen la responsabilidad de dar ejemplo. La verdad es que no lo están haciendo.