El debate político se eleva si el intercambio es de ideas y no de insultos. La regla básica es mantenerse más cerca de los datos que de las valoraciones personales. En nuestra cultura política es difícil, porque el nivel de la exposición es directamente proporcional al de la audiencia.

Las campañas criollas están planificadas para conectar con las masas. Esa es la razón de que la mayoría de los mensajes se emitan desnudos de razón. Las emociones más básicas son las cuerdas preferidas de los intérpretes políticos.

Para corroborar esta afirmación basta con observar los componentes de una caravana exitosa: música, bebidas espirituosas, bailes, consignas pegajosas y arengas apasionadas. El conjunto da la impresión de comparsa carnavalera y no de reunión política. Todo se organiza para conmover el ánimo y no para promover la reflexión.

No siguen nuestros dirigentes políticos el consejo sobre la importancia de la deliberación en el manejo de los asuntos públicos dado por Pericles en su famoso “Discurso fúnebre”: “Pues no creemos que lo que perjudica a la acción sea el debate, sino precisamente el no dejarse instruir por la discusión antes de llevar a cabo lo que hay que hacer”.

El principio de la decisión informada es variable imprescindible para una democracia sana. El que no sabe no puede decidir bien y el saber requiere la argumentación contradictoria del debate público.

La oposición planteó una posición sobre la calidad del gasto avalando sus afirmaciones con datos de fuentes públicas. Las cífras aportadas sobre el gasto en nominillas, organización de eventos y vehículos versus el destinado a la policía, seguridad fronteriza o los equipos agrícolas.

La calidad de la administración de los fondos públicos es un tema de interés general por ser la mayoría de los ciudadanos contribuyentes. El Gobierno está en el deber de responder a los alegatos de la oposición en los mismos términos planteados: datos desnudos de emociones.

La población saldría enriquecida de este choque de opiniones. La información recibida serviría para hacerse una idea más cabal de cómo marcha la cosa pública. Esperamos que la respuesta de los funcionarios del área económica no recurra a la descalificación para matar el debate.