El problema para medir la calidad de los gobiernos es que no contamos con indicadores de desempeño estandarizados e independientes. Cada administración establece sus prioridades de acuerdo más con las inclinaciones personales del presidente de turno que con la verdadera jerarquía de necesidades de la Nación.

No es posible decir si una u otra administración avanza o retrocede, porque cada una va a su aire. Se comportan como los músicos de oído, que incapaces de leer una partitura, interpretan las melodías de acuerdo con su particularísima sensibilidad.

Peter Drucker, en su libro La práctica de la administración, popularizó el término de ¨administración por objetivos¨.

La idea central de este concepto describe el proceso de establecimiento de objetivos comunes para que todos los miembros de una organización los utilicen como guías para la acción. Así, al final de cualquier ejecución, se podrá medir y comparar el desempeño de cada uno de los componentes de la organización para lograr el objetivo común.

Se repite, y no sin razón, que necesitamos capacidad gerencial en los asuntos públicos. Un buen gerente establece objetivos; y después, alinea los recursos humanos y materiales para conseguirlos.

El principio inviolable, para cualquier buen administrador privado, es cómo hacer más con menos. El administrador público, en cambio, a menudo, hace menos con mucho más.

La capacidad financiera de cualquier gobierno es finita. Conviene tener definidos los objetivos a perseguir.
La Organización de las Naciones Unidas, desde el 25 de septiembre de 2015, vencido el plazo de quince años para los Objetivos de Desarrollo del Milenio, estableció una nueva agenda de ambiciosos objetivos para erradicar la pobreza, proteger el medioambiente y conseguir prosperidad para todos.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible son diecisiete. Todos parecen escogidos a imagen y semejanza de nuestros grandes problemas.

Los ´partidos políticos que se disputan el favor del electorado para las elecciones del año próximo deberían comprometerse a conducir sus posibles administraciones con esos objetivos como guía. Eso nos permitirá, por fin, medir la acción de los gobiernos con la misma vara.