Desde siempre nos han zurcido el borde de los labios con dolorosas agujas para que no hablemos de la violencia que se da en los hogares.  

Para hablar de la no violencia debemos descosernos los labios y desnudar una situación de la que todos somos cómplices; la violencia no se genera sola, se da por un sinnúmero de factores que desbordan un arsenal de experiencias vividas y aprendidas.

Enseñar a los hombres a dejar ir a quien en su momento lo vio cómo su todo y que hoy no está dispuesto a seguir a su lado es de ley para parar estas matanzas. Es fundamental educar a las mujeres en su amor propio, entendiendo que tiene el derecho a decir “hasta aquí”; que aprendan a ejecutar separaciones inteligentes, que no desmoralicen o minimice la relación que se tenía. La separación digna es guardar un duelo, aminorar los vínculos comunes, crear espacios nuevos alejados que en otros momentos eran de convivencia en pareja.

Arranco mis hilos y con dolor debo expresar que desde las iglesias se debe sensibilizar sobre lo que se expresa en  Efesios 5:33: “Los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos”, una  forma de promover el cuidado y respeto.
 
 Infructífero ha sido el papel del estado; las campañas contra la violencia no se sienten con la acometividad requerida para resolver la lastimante realidad que este año ha lacerado el corazón de mas de 70 familias dominicanas. Los programas gubernamentales deben poner el foco en las familias –de ahí vienen esos hombres que con actos misóginos destruyen vidas.

Vivo en una sociedad que ya ni se inmuta ante un caso nuevo de feminicidio, con los ojos vendados de las instituciones que deben velar  parar detener estos actos,  los oídos entaponados de quienes dañan, las manos atadas de las que sufren violencia, y los labios descosidos de quienes gritamos. “alto a la violencia intrafamiliar”

 La sociedad no aguanta más actos violentos contra la mujer y sus hijos, pues aunque unos quedan viviendo, también mueren emocionalmente al perder a su madre  a manos, en muchos casos, de su progenitor.

La autora es catedrática de la UASD y terapeuta familiar. CEO Fundación Visión y Acción INC.