Uno de los grandes enemigos de la democracia es el dinero. Esa es la razón de que exista una búsqueda intelectual de la forma adecuada de financiar la actividad política. Hay que aceptar que, aún en las democracias maduras, esa búsqueda no ha terminado.

En la antigua Grecia, después de la reforma del régimen aristocrático de Efialtes, comenzó una era de democracia populista. Aristóteles refiere, en su Constitución de Atenas, el uso del dinero que hizo Cimón, líder de la facción conservadora, para ganarse el favor del pueblo en su lucha contra Pericles.
El poder del dinero para mandar en las democracias es un tipo de cáncer que amerita una cura.

Frank Underwood, el héroe villano de House of Cards, lo expresó con inteligente cinismo al referirse al empresario Raymond Tusk: “Entiende la diferencia entre dinero y poder.

Eso es precisamente lo que lo hace peligroso. Él no mide su riqueza en jets privados, sino en almas compradas”.

En nuestra democracia chueca el juego de las almas compradas se juega en el espacio público y el privado. La práctica se ha hecho tan común que es causa de asombro descubrir a alguna persona que no tenga alma de esclavo, los sumisos tíos Tom de los usos y las costumbres de nuestra cotidianidad política.

El mercantilismo es la verdadera ideología practicada por todos. El dominicano está convencido de que las manos que dan, esperan. Así que en la vida política se acepta con normalidad el concepto de intercambio.

Esa es la razón de que resultara imposible aprobar en el Congreso una Ley de Partidos Políticos para transparentar la recaudación y uso de recursos económicos en la actividad política. Lo extraño fue que en esta imposibilidad se coaligaron donantes y receptores.

En la República Dominicana opera el estilo de Raymond Tusk. Por mucho tiempo los hacedores de opinión se concentraron en la crítica a una de las variables de la ecuación de la corrupción, el corrupto; pero olvidaron la otra, el corruptor, los que contabilizan su riqueza en almas compradas.

El reto de crear una democracia capaz de generar prosperidad para todos no será posible en nuestro país, mientras sea más fácil recaudar dinero para la política que para emprender un negocio.