El dinero pasó de ser herramienta para el intercambio en objeto de intercambio.  Todas las interacciones humanas, comerciales o no, están influenciadas por el dinero. 

El poder, por ejemplo. La decisión de quién debe gobernar, ahora es una cuestión económica. La balanza del poder se inclina hacia el que más tiene y no hacia el que mejor piensa.

La política dejó de ser espacio de confrontación de ideas y se convirtió en guerra económica. El ejército triunfador es el que cuenta con la mayor cantidad de numerario. 
El peso de los pesos es abrumador. La capacidad de convencimiento de un cheque, transferencia o el efectivo no la iguala el mejor de los discursos. 

El pragmatismo se impuso en las relaciones políticas. En sociedades con débil institucionalidad pública y privada, como la nuestra, el factor decisivo es el hombre.

La calidad humana, como sabemos, no está viviendo precisamente una edad dorada. El perfil humano de nuestro tiempo queda definido por el egoísmo. Esta época vive en primera persona del singular.
El individualismo más insolidario predomina en todas las relaciones humanas, desde las familiares hasta las políticas.

El edificio social que se puede construir con semejante material es deficiente. Esa es la razón de que todavía sigamos siendo pueblo, pero no país.

Las ciudades son aglomeraciones de proyectos individuales con escasa o ninguna idea colectiva. Las ciudades nuestras carecen de ciudadanos. El espacio urbano es una selva de cemento donde cada quien busca su presa y evita ser presa de otros.
El dinero es escudo y lanza  a la vez, porque sirve para la defensa y el ataque. La cantidad de dinero que se posea determina el resultado de la lucha.

En una sociedad así no debe extrañar que se gobierne para enriquecerse y enriquecer a otros. El país solo ha maquillado con el disfraz de la modernidad el mismo espíritu de piñata de la época montonera.

Las cosas deben ser llamadas por su nombre. El sistema político en el que vivimos es una plutocracia. El dinero gobierna. Elegiremos a quienes parten y reparten.