Los ingleses, que han hecho de la corrección protocolar casi una ciencia, utilizan la frase “fair play” –juego limpio– para denominar el comportamiento leal y honesto ante los árbitros, el oponente y los fanáticos en cualquier confrontación deportiva.

El juego limpio supone una conducta con elvado espíritu competitivo y claro desprecio por la manipulación alevosa o la trampa velada. La victoria merecida es la que se consigue mediante el talento o la ejecución superior.

El sentido del honor transfiere al otro el profundo respeto por uno mismo. La persona honorable es una dama o un caballero intachable. El sentido de la caballerosidad no permite ninguna ventaja injustificada, porque eso supondría una desconsideración autoinfligida.

El saludo amable con el que se cierra cualquier actividad deportiva, incluso las más violentas como el boxeo o el rugby, es la expresión clara de la aceptación humilde de la victoria y la dignidad en la derrota.

El disfrute pleno de un juego lo aporta el apego honesto a las reglas establecidas, la obediencia a los árbitros designados y el respeto a los fanáticos.

El juego democrático debe, o debería siempre, también reproducir esas mismas carácterísticas. En nuestro país, lamentablemente, eso no pasa. El predominio ideológico del pragmatismo sacó del campo de juego a los caballeros y a las damas para dejar el espacio a los ambiciosos amorales  para los que ganar es más importante que competir.

La falta de ese juego limpio impide que se cierre el ciclo electoral con el reconocimiento cívico de los vencedores, porque la evidencia de la violación de las normas, la soberbia de los árbitros y el irrespeto a los votantes lo impide.

El derecho ciudadano de pedir la corrección de las fallas para producir un resultado mínimamente creíble para salvar la legitimidad del proceso no puede ser regateado.

La salida de mirar para otro lado, aplicando el borrón y cuenta nueva electoral, tiene consecuencias peligrosas para el futuro democrático. Conviene pactar un sistema justo. Lo justo, decía Aristóteles, es todo aquello que es legal, es limpio y equitativo.