Los países como las personas, de tanto en tanto, deben hacer un alto en el camino para reflexionar.

Esa reflexión debe cuestionar los medios y los fines de nuestras acciones. Los cuestionamientos deben producir respuestas. Las respuestas, a su vez, ajustes de nuestra conducta.

La historia de nuestro país es un ejemplo de la poca cultura reflexiva que practicamos. Esa es la razón de que repitamos viejos errores una y otra vez.

La diferencia entre un país desarrollado y uno subdesarrollado es la capacidad de aprender de su pasado. El desarrollo es la capacidad de no repetir errores.

La política económica no es una excepción. Las decisiones que estamos tomando en el presente tienen consecuencias futuras, pero no parece importarnos.

Esa tensión dinámica entre el corto y el largo plazo está presente en todas las decisiones. Las decisiones racionales calculan los beneficios presentes y los costos futuros. Las decisiones emocionales, en cambio, solo toman en cuenta la gratificación inmediata. La política económica nuestra, bien mirada, descuida el largo plazo.
La prueba de la anterior afirmación es la forma en que estamos manejando nuestra deuda externa. El país está asumiendo compromisos internacionales como si nuestra capacidad de endeudamiento fuese infinita.

La corta memoria y el inmediatismo nos conduce al inexorable cumplimiento de la frase que reza: el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla.

La historia de la deuda dominicana nos enseña que en exceso conduce a la crisis económica, que se convierte en crisis social y continúa hasta producir una crisis política. La crisis política termina en pérdida de la soberanía  económica o territorial.

Los datos oficiales indican que la deuda pública consolidada del país alcanza la suma de treinta y tres mil ciento ochenta millones de dólares. Lo que representa un cuarenta y seis por ciento del PIB. La carga de esa deuda representa  casi un treinta por ciento de los ingresos del año.

La falta de contrapeso en el Congreso producirá, si no actuamos con prudencia, mayor endeudamiento. La advertencia que hace la oposición sobre el peligro del endeudamiento excesivo debe ser tomada en consideración por el Gobierno.