La imagen del padre fundador de la República Dominicana fue salvada para la posteridad por la perseverancia de la hermana.

Rosa persuadió a un reticente Juan Pablo para que posara para Próspero Rey. La fotografía que se tomó ese día es la única imagen del hombre de carne y hueso. El dato no tiene poca importancia, porque el pecado original de la historia de nuestro pueblo fue, precisamente, desfigurar el rostro histórico del patricio Duarte.

El día en que esa fotografía llegó a Santo Domingo desde Caracas causó una general decepción en la población. La mayoría, que no le conocíó ni le recordaba, esperaba otro rostro. No hemos querido verlo tal y como era, porque hacerlo sería aceptar nuestro fracaso y pequeñez. Lo que un hombre soñó, otros hombres, como nosotros, debimos haber realizado.

La vergüenza no nos deja mirarlo a los ojos para reconocerlo. Esa es la razón que desde muy temprano en nuestra historia preferimos pintarlo con perfil idealizado. Alejandro Bonilla, precursor de la pintura dominicana, se dispuso a corregir con inspiración bienintencionada la fotografía autentica. Los diarios de la época recogen la versión de que usó como modelo las facciones de un rey europeo. La familia Duarte le encontró muy poco parecido. Este intento de desdibujar al Padre de la Patria fue el primero, pero no el único.

La práctica no se restinge a su perfil biológico, sino también se hace con su perfil biográfico. El truco psicológico es elevarlo hasta hacerlo inalcanzable e irrepetible para todos: el Cristo de la libertad. Así nos eximimos de la responsabilidad de imitarle.

Lo cierto es que Duarte fue un hombre. El espécimen humano criollo mejor logrado, pero un hombre al fin. Los propósitos extraordinarios convierten a hombres ordinarios en extraordinarios. El Duarte que de la humillación en el barco que le llevaba a Europa se impuso la sagrada misión de nuestra independencia.

El que decidió formarse y formar a los que le ayudarían a lograrla. El que se entrenó en la disciplina militar para pelearla. El que formó la Trinitaria para organizar la lucha política. El que fundó la Dramática para elevar las conciencias. El que sacrificó la herencia familiar para financiar la lucha. El que devolvió recursos del erario.

Ese Duarte es el que debemos y podemos ser todos para alcanzar la Patria libre, soberana e independiente. Sería el mejor homenaje.