Este es el país de las preguntas, pero casi siempre sin respuestas. La democracia nuestra es asimétrica, porque los gobernantes saben todo lo que los gobernados ignoran.

El diálogo es imprescindible para construir un espacio de convivencia basado en la confianza. El ejercicio del poder entre nosotros no es dialogante, por eso el género comunicativo preferido es el discurso.

Los espacios de interlocución son casi siempre montajes teatrales donde se simula el intercambio. La conversación espontanea con la prensa o con los ciudadanos es escasa, por no decir inexistente. No se verá a un presidente dominicano aceptar ser entrevistado, sin agenda preconcebida, por una personalidad mediática en solitario.

El poder, contrario a lo que decía Martí, es pedestal y no ara. Los mandatarios no consideran al pueblo su mandante. Esa es la razón de que las preguntas, sobre todo las difíciles, se queden sin respuestas. Los encumbrados no sienten la obligación de rendir cuentas, porque no hay consecuencias por no hacerlo.

La mundialización de todas las actividades hace de cualquier acontecimiento global un hecho local. Estamos en la era de la “glocalidad”. El país, aunque disguste a nuestras autoridades, debe seguir de cerca el proceso que se le sigue en Brasil a empresas y personas que actúan o actuaron en el escenario nacional. Lo que allá se diga o haga tendrá inevitablemente repercusiones aquí. Las preguntas que esperan respuestas surgirán.

Es lo que ha pasado con la decision de la orden de arresto de la justicia brasileña en contra de Joao Santana, asesor político de varios presidentes latinoamericanos, incluyendo el nuestro.

La noticia, como era de esperarse, desató la tormenta perfecta de especulaciones. La información proveniente de fuentes locales e internacionales es abundante y muy específica.

El esquema operativo descubierto en Brasil también funcionó en otros países. Los ciudadanos dominicanos se preguntan si la coincidencia de actores y situación no pudo producir una réplica en nuestro país.

La prensa tiene la obligación de preguntar. Las preguntas esperan respuestas.