La conocida frase de Churchill de que la democracia es el peor de los sistemas políticos, exceptuando a todos los demás es una ingeniosa manera de mostrarnos las dificultades de su funcionamiento y lo ineludible de su existencia.

El caso haitiano es un claro indicador de que no es suficiente el propósito de querer la democracia para lograrla.

Desde la caída de Baby Doc, hace casi tres decadas, Haití experimenta con todas las fórmulas políticas posibles, sin éxito. El último proceso, por el buen comportamiento exhibido por sus ciudadanos, pareció ser un punto de inflexión positivo.

La comunidad internacional que actuó como observadora describió el proceso como ejemplar. La oposición haitiana no pensó igual. El medio centenar de candidatos presidenciales coincidieron en describir el proceso como una farsa. La Comisión Independiente de Evaluación Electoral lo confirmó en el informe final entregado al presidente Martelly.

El informe aporta una descripción de la realidad electoral de Haití que no deja espacio para el optimismo. La democracia necesita de ciudadanos comprometidos y los datos de participación en el proceso haitiano apuntan a un bajo compromiso. Menos del 20% de los ciudadanos hábiles para votar lo hicieron. 

El vacío de electores permite la participación de votantes fantasmas. A todo eso se le agrega una norma electoral flexible que atomizó el mercado político, permitiendo la participación a más de cien organizaciones partidarias.

Haití es un Estado fallido que no está en capacidad de organizar, por sus propios medios, ningún proceso electoral. Las condiciones humanas y materiales imperantes no se lo permiten. La crisis, como todas las anteriores, en el mejor de los casos, se solucionará con una selección más que con una elección.
 
El país tiene que prepararse para todos los problemas que esta inestable situación significará para nosotros. El flujo migratorio en la frontera compartida aumentará.

El comercio tenderá hacia una mayor informalidad y, tal vez, la presión internacional contra nuestro país retorne si no solucionamos algunos problemas pendientes.

La situación de Haití, como en toda nuestra historia, nos desafía. La suerte favorece a las mentes preparadas, decía Louis Pasteur.