El populismo es una vieja enfermedad de la humanidad. El término no es de fácil definición, pero se refiere por lo regular a esos dirigentes que halagando a la multitud se proclaman sus representantes en la lucha contra los adversarios interiores y exteriores. Las ciudades griegas aportaron a la historia un bien nutrido inventario de tiranos populistas.

El populismo es un fenómeno de los regímenes políticos en crisis. La historia recoge brotes populistas en todas las etapas de la evolución humana. La tierra fértil de la tensión racial, religiosa económica o política permite crecer el árbol de los tres frutos envenenados del populismo: el miedo, el resentimiento y la nostalgia.

El caso histórico mejor documentado y conocido es el de la Alemania Nazi. La elevación de Hitler al poder absoluto solo fue posible lograrla sobre las cenizas de la economía, las ruinas de las instituciones de la República Weimar y el profundo desprecio hacia los judíos. Los tres imanes de la atracción populista, utilizados por un hábil manipulador, ejercen una influencia irresistible sobre las masas. La promesa un retorno a la grandeza pasada del pueblo estimuló la nostalgia; la responsabilidad de la crisis económica achacada a los judíos atizó el resentimiento; y la inseguridad de la anarquía.

La respuesta a este estado inducido de incertidumbre produce la necesidad de ser protegidos. El líder populista se presenta como la única solución a todos los problemas. Las masas entregan la libertad a cambio de la esperanza.

Los pueblos de Latinoamérica conocen muy bien este mecanismo, porque una y otra vez se repite de tanto en tanto a lo largo de su historia. La última aventura populista es la de Venezuela. El mecanismo utilizado por el nacionalsocialismo. Chávez agitó el miedo, el resentimiento y la nostalgia contra los viejos partidos, las élites económicas y el imperialismo norteamericano. El resultado también es el mismo de siempre, el desastre.

Lo impensable está ocurriendo en el único país que en dos siglos de proceso político había mantenido al populismo como una corriente política marginal: los Estados Unidos de Norteamérica.

El fenómeno Trump es una amenaza para los Estados Unidos y, sin duda, para todo el planeta. Esperemos que la razón se imponga sobre la destructiva pasión.