Los jueces hablan por sentencia es una frase que se repite mucho y se practica muy poco. La locuacidad de algunos de nuestros magistrados, sobre todo los que sirven en las altas cortes, es proverbial. Esa gran presencia verbal contrasta mucho con las ausencias o dilaciones procesales. No sería exagerado decir que la calidad de nuestra justicia mejorará en paralelo a la cantidad de silencio de nuestros jueces.

El caso del juez de la Corte Suprema de los Estados Unidos, Clarence Thomas mantuvo silencio durante diez años en los juicios en los que participaba. Los cables internacionales recogen que rompió el silencio para hacer su primera pregunta en una década este lunes. Lo movió el excepcional hecho de que el tema en discusión era parte del legado de su amigo, colega y par ideológico, Antonin Scalia. El debate jurídico era sobre la prohibición a portar armas para los condenados por violencia doméstica.

El juez Thomas, de ideología conservadora, le preguntó a la abogada: ¿Me puede decir otra área en la que un delito menor suspende un derecho constitucional? La pregunta rompió la cantidad de procesos sin hablar, hilvanada por el juez. En una charla en la Universidad de Harvard había explicado que no le parecía útil estar interrumpiendo a los abogados con preguntas.

En nuestro caso la locuacidad de algunos de nuestros jueces se manifiesta fuera de los tribunales. La culpa no es solo de los jueces, sino también de los medios que procuran hacer hablar a los magistrados de cuanto tema nacional pueda tener repercusiones judiciales.

Lo correcto sería que escucharamos a cada pregunta la siguiente respuesta: no tengo comentarios al respecto. Desgraciadamente esa no es la costumbre.

Los antiguos hablaban de la virtud de la eubolia, la de saber el momento oportuno de hablar o de callar. Los jueces deberían tenerla desarrollada en grado sumo y mucho más en el sentido de mantener el silencio. La razón es muy simple: los pronunciamientos de un magistrado sobre cualquier materia podrían estar condicionando su posición en un caso posterior que pueda llegar a su instancia.

El ejemplo del juez Thomas es una buena oportunidad para pedir a uno que otro de nuestros representantes judiciales reducir el número de oportunidades de opinar sobre temas en debate.