Claudio Caamaño Grullón, combatiente por las mejores causas, sobrevivió a una dictadura, una revolución, a la guerrilla, a una celda solitaria, pero no pudo salvarse de nuestro sistema de salud.

En la carretera entre San Cristobal y Baní, en el tramo de  Pizarrete, un conductor perdió el control de su vehículo e impactó la unidad que abordaban Claudio, su hija y un nieto.

 Claudio Caamaño Vélez, hijo del héroe, informó que iniciaron un periplo por varios centros de salud privados y públicos, pero en ninguno recibieron ayuda por falta de cupo o de médicos.

El tiempo perdido hasta recibir alguna atención médica, cinco horas entre el accidente y su ingreso, agravó la condición del paciente.

Una de las costillas fracturadas por el impacto perforó un pulmón. En la madrugada del martes perdió  su última batalla en la cama de una cliníca.

No hubo la atención adecuada para alguien que sacrificó la posibilidad de un título universitario, porque su compromiso con la libertad lo mantuvo en prisión domiciliaria hasta la muerte del dictador Trujillo.

No hubo la atención correcta para el combatiente constitucionalista que defendió la soberanía mancillada por el ejército norteamericano.

No hubo la atención diligente para el guerrillero heróico de Caracoles que llegó al país para luchar contra el régimen de Balaguer.

No hubo la atención oportuna para un ciudadano que nunca facturó al país una vida puesta al servicio de la lucha por la libertad.

 En la red social Twitter su hijo Claudio retrató las contradicciones de las prioridades del Gobierno: ¿De qué sirve el 911? ¿Para ir rápido a buscar un paciente para que se termine de morir en el hospital?

Los recursos que sí aparecen para la publicidad institucional deberían también aparecer para invertir en los servicios de salud pública.

La bandera ondea a media asta por ser día de duelo nacional por el fallecimiento del héroe, pero estamos seguros de que el único honor suficiente para él sería que ningún otro dominicano muera por las mismas carencias.