El Viernes Negro es el día de mayor actividad comercial en Estados Unidos y en muchos países del mundo, incluyendo el nuestro.

La práctica comercial se institucionalizó en la década de los ochenta. Los comerciantes hicieron reducciones de precios importantes para llevar clientes a los comercios el día después de Acción de Gracias. La respuesta de los consumidores fue entusiasta.

El término anglosajón, “Black Friday”, tiene en su origen connotaciones negativas en todos sus usos. Por varios siglos esta denominación sirvió para nombrar diferentes crisis políticas y financieras, En la sexta década del siglo veinte encontró otra aplicación: el tráfico de la ciudad de  Filadelfia.

Los polícias desplegados para controlar el tránsito de la ciudad el día después a la celebración de Acción de Gracias comenzaron a llamarlo Viernes Negro, como una consecuencia de los entaponamientos.

El uso popularizó de tal manera el término que fue de inmediato asociado a las ofertas que los comercios de Filadelfia colocaban para aprovechar el tráfico de personas. La práctica se extendió a todas las ciudades estadounidenses y luego se globalizó.

En Estados Unidos las ofertas combinadas de los comercios atraen unos ciento treinta millones de compradores con un promedio de gastos de unos trecientos dólares. La cantidad consumida alcanza los cincuenta mil millones de dólares.

En nuestro país también este día se ha convertido en el de mayor movimiento comercial. Las transacciones con tarjetas de crédito superan los siete millones y la cantidad de dinero en movimiento supera los mil millones. El consumo mínimo del sesenta por ciento de los compradores es de unos cuatro mil seiscientos pesos.

 Los comerciantes aprendieron a realizar ofertas atractivas y los consumidores saben aprovecharlas. El día de hoy funciona en materia comercial como el mejor de los capitalismos. Todo el mundo busca satisfacer sus deseos. El dinero se mueve de mano en mano, así que todo el mundo se favorece.

La globalización produce estas novedades. No todo es malo. La bonanza económica hace que muchos quieran que todos los viernes fuesen negros. La costumbre llegó para quedarse, porque parece que vendedores y compradores ganan.