El mercado es una herramienta y, como cualquier otra, no es ni buena ni mala.La calificación en uno u otro sentido dependerá del uso.

El presente siglo tiene que superar la dicotomía entre el mercado y el Estado. La idea dominante en el siglo pasado era que había que escoger entre uno y otro. En los últimos años se están ensayando experiencias que nos demuestran que esto es absolutamente innecesario.

El error anterior fue centrarse en la herramienta y no en los usos y utilidades. Un nuevo concepto de empresa integra los mecanismos del mercado y los fines del Estado.

Este nuevo concepto de empresa se conoce como B. Lo novedoso de este planteamiento empresarial fue incluir nuevos objetivos sin renunciar a los anteriores. Las empresas clásicas buscan maximizar la inversión para sus accionistas.

Las empresas B, además, incluyen la solución de los problemas sociales. Los empresarios B consideran como parte de su responsabilidad maximizar los beneficios para los consumidores, empleados, la sociedad y el medio ambiente.

Los empresarios tradicionales podrán decir que muchas de sus actividades de negocios también buscan beneficios más allá del lucro personal; pero la diferencia es que las empresas B no solo declaran estos objetivos, sino que se comprometen legalmente con su consecución.

La vocación social es parte de sus estatutos constitutivos, así quedan protegidos ante un cambio de propietario. El credo de estos negocios no es ser las mejores empresas del mundo, sino ser las mejores empresas para el mundo.

Las demandas sociales están desbordando la capacidad de acción del Estado. Los recursos financieros son escasos y los problemas muchos.

El principio de subsidiariedad se pone en práctica a través de la organización más integrada a la comunidad: las empresas. El Estado recibe la ayuda complementaria del capital privado para atender problemas sociales en todas las áreas: salud, educación, conservación de bosques, higiene pública, alimentación escolar, etc.

En el mundo existen unas 1,498 empresas certificadas como B, en cuarenta y dos países y en ciento treinta industrias diferentes.

Este es un país de espíritu emprendedor, así que deberíamos desarrollar la normativa para iniciar este interesante modelo empresarial