La renovación del parque vehicular del transporte público es una necesidad. La primacía de los ineficientes y destartalados carros de concho hace de trasladarse de un lugar a otro una verdadera odisea.

Los empresarios del transporte denuncian que el Gobierno está discutiendo a sus espaldas un plan para renovar la flotilla de chatarras que circula por nuestras calles. ¡A buena hora! La noticia regocija, porque de ser cierta, mostraría la intención de atender un problema que implica para muchos ciudadanos el veinticinco por ciento de su presupuesto familiar y otro porcentaje similar de las horas de actividad.

La parte negativa la representa el supuesto secretismo de las autoridades en el proceso de planificación. Los líderes sindicales del transporte indicaron que el ministro Gustavo Montalvo se está reuniendo con técnicos del sector privado y especialistas del sector público.

El diálogo amplio siempre es favorable cuando se trata de diseñar políticas públicas para sectores de impacto social; pero para dialogar deben generarse las ideas que se discutirán con la sociedad. El Gobierno tiene todo el derecho para trabajar un plan que luego haría público. No hay nada de malo en eso.

El pasado es el mejor consejero. Recordemos que todos los esfuerzos anteriores para mejorar la flotilla del sector transporte terminaron afectados por la ineficacia, en el mejor de los casos, o la más grosera corrupción, en el peor.

El control que siempre han detentado los representantes del sector sindical de las instancias técnicas y de regulación del sector transporte permitieron organizar planes de financiamiento o entrega de flotillas de vehículos que engrosaron el patrimonio particular de muchos de ellos. La memoria colectiva no olvida el fracaso de las banderitas, los pollitos y el plan Renove. Todos, hay que decirlo, contaron con la participación de los sindicalistas.

En esta ocasión el Gobierno haría bien en estructurar un plan con un riguroso nivel técnico y, sobre todo, desvestido de la política clientelar, para que pueda ser discutido por todas las partes interesadas. Así que no caigamos en la tentación de satanizar un esfuerzo que debe ser estimulado. Esperemos el plan y después opinemos.