La reducción de las muertes violentas por cada cien mil habitantes informada por el jefe de la Policía Nacional, Nelson Peguero Paredes, sorprende a una sociedad saturada de informaciones trágicas.

No es la primera vez que un jefe policial afirma, sin indicar la fuente de las estadísticas, la ocurrencia de una reducción sin duda espectacular.

La preocupación de la ciudadanía por el aumento de la delincuencia explican las reiteradas afirmaciones sobre resultados positivos. El mayor General, José Polanco Gómez, dijo en el dos mil once que el país entraría en una etapa de paz al informar una reducción de las muertes violentas. Lo propio hizo el Mayor General, Manuel Castro Castillo en dos mil catorce cuando declaró que el programa “Vivir Tranquilo” consiguió una reducción superior al cincuenta por ciento.

La falta de originalidad provoca el descreimiento de la ciudadanía en esta nueva afirmación. El saldo trágico contabilizado a diario por los medios de comunicación y las experiencias cotidianas de los ciudadanos hablan de una realidad muy diferente. La percepción rebate las estadísticas.

El problema del subregistro en las causas de muerte es un problema conocido. El patólogo forense, Sergio Sarita Valdez, advirtió sobre el proceso de desplazamiento de las investigaciones de muertes violentas desde el Instituto de Patología Forense hacia el Instituto Nacional de Ciencias Forenses.

Las consecuencias del traslado de un organismo público dependiente del Ministerio de Salud Pública a otro bajo la reponsabilidad del Ministerio Público son evidentes. El desvío facilita sucumbir a la tentación política de manipular los resultados de las autopsias de acuerdo a las conveniencias.

La seguridad es una variable transversal en la vida de los Estados. La delincuencia afecta el desenvolvimiento cotidiano de todas las actividades ciudadanas. Esa es la razón de que tenga tanta importancia política.

La cercanía de agosto estimula la creatividad de los funcionarios públicos, nombrados por decreto, para exhibir logros de difícil comprabación. Pero la prudencia aconseja que no juguemos con las estadísticas de la seguridad.