El primer debate de candidatos presidenciales, ¡por fin!, fue celebrado. Una práctica común en todas las democracias occidentales que nuestro país tardó en adoptar. La cultura del monólogo que prima en la sociedad se imponía siempre a todo intento.

La positiva terquedad de la Asociación de Jóvenes Empresarios logró con su insistencia en realizarlo colocarlo en la conciencia colectiva del pueblo. El uso inteligente de las redes sociales convirtió en tendencia el reclamo #RDQUIEREDEBATE. La presión desatada por los influenciadores y usuarios comunes consiguió la respuesta positiva de la mayoría de los candidatos.

El aporte de esta nueva generación de empresarios a la práctica de una democracia de argumentos todavía no se puede calibrar en su total dimensión. Lo cierto es que de ahora en adelante no será posible para cualquier candidato, presidente o no, ignorar la invitación a una práctica que no tenemos duda se institucionalizará.

El crespón en todo este proceso lo colocó la ausencia del presidente de la República Danilo Medina. El Jefe de Estado prefirió en esta materia hacer lo que siempre se ha hecho: rehuir el careo de las ideas. El argumento para hacerlo se mostró injustificado. El temor del comportamiento grosero o incivilizado nunca se manifestó. Los candidatos mostraron una corrección tan firme que parecían negar la pasión criolla.

El reconocimiento debe alcanzar también a los moderadores del evento, Roberto Cavada y Alicia Ortega, que en todo momento hicieron gala de un profesionalismo sin fisuras; además, extenderlo a los empresarios Pepín Corripio y Manuel Corripio que, con su sentido práctico y su compromiso con las mejores causas, aportaron el horario principal para la difusión.

El evento mostró mucha dignidad pese a los errores naturales de toda primera vez. El público acostumbrado al seguimiento de los debates internacionales no debe juzgar con demasiada dureza ni las ocasionales deficiencias técnicas ni la falta de algunos candidatos. La práctica hará con el tiempo la perfección.

El país puede sentirse orgulloso con un logro que representa la entrada a unos formatos que obligan a desarrollar la capacidad de pensar, tener ideas y poder exponerlas. Hoy podemos decir simplemente: ¡Felicidades!