Bastó un pequeño grupo de suicidas, decididos a causar la mayor mortandad posible, para cambiar el cuadro político en Francia.

Los atentados del viernes 13 de noviembre en París golpearon profundo en el ánimo de los franceses. Una encuesta recién publicada muestra que el 84% de los consultados está dispuesto a sacrificar ciertas libertades y someterse a mayores controles a cambio de garantizar más seguridad.

Así es en todas las sociedades: el miedo y la inseguridad son insoportables y las personas prefieren otorgar fuertes poderes a los gobiernos y sus policías.

Los yihadistas del Estado Islámico (EI) con motivo de su derribo de un avión ruso en el que murieron 224 personas, en la península del Sinaí el 31 de octubre, señalaron: “La muerte diaria de inocentes en Siria a causa de vuestros bombardeos les acarreará desastres… Así como ustedes matan, ustedes serán muertos”.

París debió sospechar que estaba en la mira y ya corría la cuenta regresiva. Algo que ahora, con mayor razón, muchas capitales europeas deberán tener en cuenta.

La respuesta gala a la agresión yihadista fue un masivo bombardeo contra Raqqa, ciudad considerada la capital del EI. No existe una evaluación independiente del daño y las bajas causadas.

El dilema para Francia y sus aliados es que no podrán derrotar al EI con meros bombardeos aéreos. Hay quienes proponen una invasión para confrontar en el terreno al EI.

Estados Unidos invadió Irak en el 2003 junto a tropas británicas y de la OTAN. Washington ha mantenido una maciza presencia militar y ha combatido a sucesivas insurgencias. Ello no impide que el EI controle parte importante del país.

Otro tanto ocurre en Afganistán que fue invadido en el 2001. Tras más de una década de una ocupación frustrada el presidente Barack Obama decidió que había llegado la hora de retirar las tropas.

El proyecto del EI es construir un califato que termine con buena parte de los estados del Medio Oriente y el conjunto de África del Norte.

Sus políticas retrógradas y opresivas en extremo tienen el respaldo de diversas monarquías y emiratos árabes.

Muchos de estos países cuentan con grandes yacimientos petroleros.

De manera que, más allá de toda otra consideración, Occidente hará lo que esté a su alcance para derrotar al EI.

La interrogante no si eso es necesario sino cómo lograrlo.

Un primer paso es crear la alianza más amplia posible de interesados en acabar con el yihadismo.

En primera línea están los rusos que temen por sus fronteras meridionales donde los extremistas islámicos los amenazan.

Luego están los iraníes que como chiíes están enfrentados a los sunitas del EI. Incluso China tiene problemas de terrorismo en algunas provincias de mayoría musulmana.

La gran alianza, si llega a ver la luz, deberá impedir que Arabia Saudita y sus aliados sigan inyectando recursos al yihadismo.

Sea cual sea el camino que se tome será largo y, con toda probabilidad, a costa de muchas vidas.