La Cámara de Diputados aprobó el proyecto de reforma a la Ley Orgánica de la Policía Nacional. El proyecto, que ya había sido aprobado por el Senado, debe pasar ahora al Poder Ejecutivo para su promulgación.

Las dificultades de los frecuentes intentos de reformar a la institución policial hacen que esta aprobación tenga un carácter histórico. Pero los mismos legisladores advirtieron que la norma no será suficiente para resolver el tema de la seguridad.

La inseguridad ciudadana es un problema de múltiples causas que debe ser abordado en la integralidad del abordaje humano, institucional, social y económico.

El modelo actual que se sostiene en la triada policía, justicia y sistema penitenciario se muestra ineficaz para dar respuestas a un problema de creciente complejidad.

La seguridad es un sistema de equilibrio entre las necesidades del individuo y la posibilidad de satisfacerlas con un esfuerzo racional.

La ruptura de ese equilibrio por las crecientes necesidades insatisfechas produce el surgimiento de la inseguridad individual que conduce a la inseguridad ciudadana.

El desempleo, la escolaridad insuficiente, los bajos salarios, son el eficiente vivero donde crece el árbol que produce el insano fruto de la delincuencia.

Ese árbol debe ser cortado de raíz. La Policía Nacional es solo una rama. La prevención del crimen comienza con las políticas públicas activas para reinsertar a los jóvenes en las escuelas y en el trabajo. El rescate del espacio público a través de la limpieza y la iluminación. El cuidadado de los envejecientes. En fin, las políticas sociales que cohesionan a la sociedad a través de la solidaridad colectiva.

La atención a los temas de mayor preocupación de los ciudadanos reduce las fuerzas que impulsan a la conducta criminal. El círculo vicioso del crimen se trueca en el círculo virtuoso de la cooperación ciudadana.

La jornada a la seguridad, como todas, comienza con este primer paso de reforma. Las autoridades deben mostrar la voluntad de seguir caminando todos los senderos que conducen a la paz.

No podemos quedarnos en el conformismo de lo realizado. Hay más cosas por hacer.